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A la luz del sol

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A la luz del sol

Mensaje por Anna el Vie Ene 03, 2014 5:42 pm

Lugar: Castillos

El día de mercado siempre era visto como un evento de relevancia trascendental. Podía deberse a que era sólo una vez a la semana cuando las buenas gentes de a pie podían montar sus tenderetes en la plaza principal, y ofertar productos de lo más variados. Gran afluencia de personas se confluían en él, y los rumores pululaban de boca en boca, trayendo chismes de más allá del reino para las buenas gentes de Arendelle. Anna no se lo perdería por nada del mundo, pues las charlas le servían para esbozar mejor lo que sus ojos estaban privados de ver. La imaginación era un arma poderosa, y la joven princesa la usaba muy a menudo, ensamblándola con los chismes hasta componer un bonito tapiz mental que la deleitaba, pinchándole con el aguijón de la envidia. Le gustaba pensar en tierras que ofreciesen nuevas oportunidades a una chica vivaracha como ella, lejos de la aburrida vida que llevaba. Las visitas al mercado eran una dulce tortura para Anna, lo cual no significaba que fuese a renunciar a ellas.
Vestida con ropas simples, se paseaba por el suelo adoquinado con paso despreocupado, fijando la vista en cualquier tenderete que llamase su atención. Fácilmente se confundía con los plebeyos, ya que lo único que tenía de noble era el título que ostentaba como princesa y su talante caprichoso, por lo demás no había diferencia alguna. Ni siquiera iba con su ama de llaves, a la cual había despistado unos metros atrás en un puesto bien surtido de verduras. Caminaba segura de sí misma y sin complejos, mirando de vez en cuando hacia el cielo y haciendo visera con su mano, deleitándose con la canícula matutina propia del verano
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Re: A la luz del sol

Mensaje por Franz Ferdinand el Sáb Ene 04, 2014 11:50 am

Franz… estaba perdido. Perdido por culpa de un deseo que no entendía para nada. ¿Por qué tendría que ir a visitarla a ella, siendo que solo  se habían visto unas cuatro veces en persona? ¿Y por qué tendría que pensar siquiera en preocuparse de ella? Pues bueno… porque era su prometida claro. Y, aunque no lo pareciese, la quería. Sería una chiquilla, pero algo tenía que le encantaba.  Algo en su personalidad, o ese aire que le hacía pensar “mejor la sostengo que si no se cae”. Simplemente adorable.

Por supuesto, nada más llegar a Arendelle cambió de idea, recordando que se suponía que el adorable príncipe Franz Ferdinand estaba reposando en el palacio de Lindert. No tenía ningún sentido que estuviese ahí. Por mucha pena que sintiera, ya no podría comunicarse con Anna. Por lo demás, no estaba seguro de que fuesen capaces de reconocerse mutuamente. Había pasado un año desde su último encuentro y, curiosamente, no se habían visto desde entonces. Tampoco que se vieran mucho antes. Su padre dijo que el primer encuentro se dio cuando la chiquilla nació, cuando  ella era una niña se vieron otras dos veces, una en su reino, otra en Lindert. La última visita fue siendo ambos un par de adultos desconocidos. ¡Conocía mucho más a Elsa incluso! ¡A Elsa, la estirada reina del norte!

Dejemos de pensar en ello, mejor. Pronto se vio dirigiendo a su caballo al mercado, pensando que sería bueno reabastecerse. Tomando en cuenta que nadie en ese apartado sitio conocía su rostro, no vio necesario continuar usando la capa. Incluso se bajó del caballo, pensando en que sería bueno estirar las piernas. Después de todo, le esperaba un largo viaje. Más largo de lo que debería…
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Re: A la luz del sol

Mensaje por Anna el Sáb Ene 04, 2014 1:30 pm

Anna se acercó a uno de los puestos situados en pleno solano, cuyos estantes hacían gala de una ingente cantidad de bisutería, reluciente a causa del brillo del astro rey, que no tenía nada que envidiar a las piezas de orfebrería originales salvo tal vez su valor. La princesa no estaba exenta de cierto matiz de vanidad, y no perdió el tiempo en cubrir su cuello con algunas de las piezas que allí vendían, las cuales soltó apresuradamente para volver a posar su atención en el tenderete que estaba a continuación, de exóticas telas de seda traídas de dios sabe donde. El mundo era muy grande y ella se lo estaba perdiendo, pero aún seguía confiando en que las cosas cambiasen cuando se casase... Un rubor de la emoción tiño sus mejillas, pues el matrimonio era algo que ansiaba por más de una razón: La primera de ellas era porque nadie volvería a abandonarla. Hacía mucho tiempo que sabía de su compromiso, pero no había empezado a darle importancia hasta que llegó a la adolescencia y sus hormonas comenzaron a alborotarse con la pubertad. Si bien no tenía demasiado contacto con su prometido, había encontrado algo así como un amigo en las misivas que ambos compartían de vez en cuando. Eran pocas las veces que habían coincidido en persona, para su gran pesar, ya que las visitas no eran algo habitual en Arendelle. Franz, que así se llamaba, era un chico fascinante, además de ser un príncipe bastante guapo (aunque para ella, todos debían ser así). La chispa romántica no había saltado aún, pero por el momento le bastaba, pues sentía que tenía un confidente con el que hablar de vez en cuando, y siempre ansiaba la llegada de sus cartas; la segunda de las cuestiones era que al fín sería libre, paradójicamente a pesar de estar atándose a otra persona, ya que confiaba en que su futuro marido no la privase de sus deseos.

Estaba tan ensimismada en sus divagaciones juveniles que casi creía ver el rostro del flamante príncipe al otro lado de la calle, algo impensable ya que él estaba a kilómetros de allí, en su palacio. Si realmente fuese el príncipe Franz, habría una gran cantidad de pajes ostentosos y escoltas que lo guiasen hacia el palacio entre elogios y halagos. Pero se parecía tanto... Anna enredó en sus dedos la punta de la trenza que caía sobre su hombro, arrugando el ceño y la nariz, componiendo una sonrisa traviesa. Sólo por curiosidad se acercaría... Remangó sus faldas para poder caminar más rápido, y se abrió paso entre la multitud, esquivando a los viandantes que parecían tener menos prisa que ella, localizando en todo momento a su objetivo. Se desvió del camino, sonriendo igual que si hubiese recibido un regalo inesperado, y empezó a acercarse a el por la espalda, con la intención de darle una sorpresa.



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Re: A la luz del sol

Mensaje por Franz Ferdinand el Dom Ene 05, 2014 10:42 am

Los pasos de Franz eran bastante tranquilos, tomando en cuenta las circunstancias. Fer, por su parte, era el no tan tranquilo. Como ya sabemos todos, el caballo no era de los que disfrutaban de tanta compañía y nada más sentir la presencia de alguien avisaba a su amo. Por eso mismo el príncipe lo quería tanto: era la mejor arma para saber dónde encontrar seres humanos. Por desgracia tenía su lado “malo”. Fer era pésimo para visitar pueblos. Ni hablar de lugares llenos de gente curiosa. El pobre se nos estresaba gratis. Gracias al invierno que con unas cuantas zanahorias el animalillo se relajaba lo suficiente para que su amo se trasladara con normalidad.
Sin embargo… por alguna razón, Fer se notaba más nervioso que antes. Como si sintiera a la peor de las peores.

–Tranquilo muchacho…

Se tranquilizó un poco, pero Franz sospechaba que pronto seguiría con el escándalo.  
Por el camino adquirió algunos productos necesarios para seguir el viaje, como comida y una manta para dormir en caso de que no encontrase posadas cerca. Hay que ser precavidos. Incluso se permitió comprar un poco de avena para Fer.

Fue entonces que su mirada se encontró, por mera casualidad, con… un puesto de joyas. Sí, de esas que te cuestan un ojo de la cara pero que a todos les gusta ver. El comerciante, amablemente, le ofreció todo a un “buen precio”, seguro tendría alguna novia que agradecería un bonito presente, o acaso su madre, abuela, prima o vaya a saber una que pariente femenina.  

–¿Tu qué crees, Fer? ¿Nos llevamos algo? –sus dedos acariciaron por un segundo uno de los tantos pendientes que el comerciante intentaba por todos los medios que comprase. Horribles en opinión de Franz, pero estaba seguro que a alguna de sus conquistas le encantarían. –¿Crees que a Anna le gusten?

Sí… ¿Por qué no? Nunca había comprado nada a la dulce Anna, por muy prometida suya que fuera. Y tal vez ese fuese un bonito gesto, más acorde a una pareja que los anteriores gestos (las cartas, me temo, no cuentan; eso lo hacía por gusto y por contactarse con la mujer con quien estaba obligado a pasar la vida). Aunque claro, no estaba muy seguro de qué le fuese a gustar. Sus únicos modelos femeninos eran su madre y hermana, la primera amante de las joyas extremadamente finas y la segunda con alergia a cualquier cosa femenina. ¿Tal vez algo intermedio?

–Anda, Fer… dame una pata con esto…

Fer no respondió nada y siquiera prestó atención a su amo. Estaba más pendiente de posar su mirada aguda en cierta figura femenina, entiéndase como la prometida en cuestión. Por alguna razón, esta vez no intentó avisar a Franz de su presencia. Traidor…

¿Los pendientes? No, ¿y si luego terminaba lastimada por enredarse en alguna prenda?  Una cadenita sonaba mejor, pero la mayoría eran demasiado ostentosas para su gusto personal. Soltó un sonoro suspiro, antes de solo tomar lo primero que se le ocurrió. Una simple cadena con un pequeño corazón colgando. No era oro, siquiera plata, por mucho que lo pareciese. Franz no era tonto, que se crio viendo a su madre con joyas. Sabía que solo era bañada en plata y el corazón era una simple imitación al cristal, aunque el vendedor jurase que era lo mejor de lo mejor. Pero era bonito y podía permitírselo, miren que no andaba con su fortuna guardada en el bolsillo las 24 horas y debía guardar el oro que le quedaba para el resto de su viaje.

Pagó la cadena y se lo guardó en el bolsillo. Ya pensaría la forma de enviárselo a Anna sin descubrirse. También debería avisar a Hanz… hablando de él, ¿qué harían? No recordaba haberle mencionado su correspondencia con la chiquilla o siquiera qué hacer con ella. ¿Qué pensaría cuando llegara la primera carta? ¿Le respondería? No quiso pensarlo. Era muy extraño. Estaba dispuesto a que su amigo tomase las riendas de los aspectos de su vida, pero… no de ese aspecto. Anna era algo muy privado para que Hanz lo tocase. Tampoco quiso pensar que, si algo le pasaba en ese viaje, sería Hanz quien la desposase…

Spoiler:
Off: He puesto que solo el pobre caballo te ha visto, puesto que Franz está algo distraído y no veo posible que note la presencia de Anna, sobretodo porque nunca esperaría verla fuera del palacio XD
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Re: A la luz del sol

Mensaje por Anna el Dom Ene 05, 2014 5:36 pm

Había estado a punto de alcanzarle cuando quedó accidentalmente rezagada. La joven sopló de mala gana para apartar una mecha cobriza de flequillo que había sobre sus ojos, y retomó la quasi-persecución con renovada obstinación. El sigilo no existía en su vocabulario, cuyo avance cual torbellino la estuvo a punto de hacer caer varias veces. Disculpándose como podía, se zafaba de algún que otro vendedor enfurecido por su torpeza, y continuaba sin pausa alguna. ¡Demonios!, el muchacho avanzaba demasiado rápido como para que ella pudiese alcanzarle, y la aglomeración de gente cerrando su paso no era de gran ayuda. Los ciudadanos permanecían ajenos a sus intereses, inmersos en su vida cotidiana cual depredadores en mitad de a sabana: El regateo y las ofertas estaban a la orden del día, y Anna luchaba contra corriente en pleno bullicio. Sus piernas no eran tan largas como para proporcionarle la cobertura de una mayor distancia mientras esquivaba viandantes. Por primera vez en años, el día de mercado no le pareció tan fantástico ni divertido. Aunque, mirándolo desde otra perspectiva, tenía su punto de emoción. Era como una especie de juego. Anna se mordió el labio, inmersa en sus propias ideas, decidida a que su “víctima” no escapase hasta que ella no hubiese logrado su objetivo principal ,el cual era en cierto modo, interceptarle. Se alzó sobre sus propios talones, tras perderle de vista momentáneamente, y lo buscó con la mirada. Si no fuera porque estaba convencida de su “talento para no ser vista”, pensaría que huía de ella a posta. Lo localizó, no obstante, a unos escasos cinco metros. Su vista se centró en lo que ella dedujo que era un semental, tan blanco como la nieve que pintaba las cumbres montañosas, al cual guiaba tirando de sus riendas. Se preguntó su Franz tenía un caballo igual, ya que hasta donde alcanzaba su memoria no lograba acordarse. Ni siquiera estaba segura de que fuese él (aunque quería creer que sí) pero valía la pena intentarlo pues, en el caso contrario, tal vez acabase conociendo a alguien interesante que arrojase un poco de luz sobre su ignorancia.
Al final logró acercarse lo suficiente, aprovechando que este se había detenido en un puesto de joyería y orfebreía. Se tomó la libertad de caminar deliberadamente lenta y con pasos largos, segura de que esta vez no escaparía, y guiñandole un ojo al caballo como si este pudiese entenderla, se posicionó como si tal cosa al lado del chico. . Parecía ensimismado, distraído con algo. Anna se inclinó hacia delante, y sus trenzas cayeron por sus hombros, balanceándose en el aire. Desde aquella perspectiva tan cercana, se le escapó una sonrisa al descubrir que sus suposiciones no habían sido erróneas. Notaba su corazón latiendo de emoción de tan improvisado encuentro, casi sin poder creérselo. Tras desechar la tentación de tapar sus ojos con las manos o gritarle al oido, carraspeó y dijo:

-Sin duda es un colgante precioso-Comentó, acercándose un poco más. Casi podía percibir retazos de su olor-¿Debo comenzar a preocuparme por la competencia?-Inquirió, sin abandonar una sonrisa picaresca.

Offrol:
Perfecto. No se me ha ocurrido otra forma para que Anna se acerque mejor que esa. Espero que no te parezca mal.

¡Lamento la tardanza D:!



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Re: A la luz del sol

Mensaje por Franz Ferdinand el Lun Ene 06, 2014 4:26 pm

Ah, sorpresa, sorpresa. Franz no supo decir si el destino era bueno con él o estaba a punto de patearle el trasero. Que deseaba verla, pero no debía verla, no ven que andaba en plan prófugo…  Tendría problemas luego, estaba seguro. Sin embargo, si algo le enseñó su  maestro es a no llorar sobre la leche derramada. Lo hecho, hecho está. Después de todo, nadie le apuntó con un arma para que fuese a una rápida visita a Arandelle.

Para no darle un bonito espectáculo al vendedor (hombre curioso, como muchos), prefirió tomarse las cosas con calma. Ella no era exactamente una desconocida, tampoco la conquista del mes. Podía charlar con ella con naturalidad sin que sonara extraño.

–¿Tengo buen gusto entonces? – dijo, sin mirarla aun, sacando nuevamente el aparentemente bonito regalo. Lo miró con una aparente expresión concentrada. –Porque no puedo llegar con un regalo de mal gusto, mi chica se enfadaría…

La miró de reojo, sonriente. ¿No era adorable? Diferente, mejor dicho. Con el cabello atado en ese par de trenzas, los ojos curiosos, los pasos entre patosos y educados… Tan diferente de la estirada hermana mayor. Tan diferente de la gran mayoría de chicas que alguna vez conoció.

–… y lo que menos deseo, es hacer algo que le moleste.

Porque después, ay señores, ¿quién le quitaba el enfado? No él, por desgracia. Al fin volteó definitivamente a verla.

–Mi lady– tomó su mano entre la suya, dejando un beso más casto que galante. Ella era diferente, así que no necesitaba de esas cosas. ¿Para qué? Si dentro de poco los uniría algo irrompible. Mejor tomarse las cosas con calma, que no hay prisas. –Tan encantadora como siempre, querida. ¿A qué se debe su visita a este mercado?

Sí, de verdad lo dijo, como si la visita fuera ella y no él. Pero en broma, eh. Que conste. También se permitió un beso más personal, en su mejilla. Incluso la atrajo un poco a su lado.

–Deja que te vea, hace un año que estamos separados. – manito aun entre las suyas, medio en juego, le dio una vuelta, como si estuviesen bailando. Una vez que la hizo, la atrajo a su pecho para abrazarla un momento. No, no la amaba, pero le tenía un cariño especial y, después de todo, ese sería el último contacto que tendrían en un tiempo. –No pensé que Elsa te dejara salir del castillo, como siempre evitan que entre o salga gente. Anna… ¿Te escapaste acaso?

Tal vez. Era lo más razonable. Y, por alguna razón, no le gustaba demasiado esa idea. ¿Y si le pasaba algo? No, Franz, que no pienses en eso. La chiquilla estaba bien y, por lo demás, Arendelle no era como Lindert o M’Apple. Se notaba un reino por lo demás tranquilo y seguro.
Ya libre de su abrazo, dejó su “regalo” entre sus dedos.

–Para que luego no digan que soy un mal prometido…

Que seguro algún estirado de por ahí lo diría. La fama nos precede. Sobre todo por la rubia reina, con la que se llevaba peor que el perro y el gato. No estaba muy seguro sobre la relación entre las hermanas, no era tema de las cartas, pero ¿acaso las hermanas no se cuidan mutuamente?


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Re: A la luz del sol

Mensaje por Anna el Mar Ene 07, 2014 6:55 am

Colocó un mechón detrás de su oreja para disimular su decepción. Su relación estaba pactada casi desde el nacimiento de Anna, y su contacto más íntimo era la correspondencia que compartían, ya que las veces que habían coincidido eran más bien escasas. No podía pretender ser la única mujer en su vida, tenía que tenerlo presente… Al menos de momento. Por lo pronto, se conformaría con saber quien era aquella que se ganaba los favores del príncipe de Lindert. La princesa inclinó sus pies hacia delante para ver más de cerca la joya, invadiendo de paso el espacio vital de su prometido sin pudor alguno. Franz parecía distraído con su compra, y ella sólo buscaba un poco de atención por su parte.
Se atusó un poco el flequillo, creyendo que lo llevaba desordenado sobre la frente, y alisó una arruga que había salido en su falda informal.

-No creo que nadie pueda sentirse molesta contigo- Torció la sonrisa, dejando entrever parte de su dentadura, pero se tapó apresuradamente la boca al recordar que había comido chocolate hacía apenas media hora y no quería que viese manchas en ella. Finalmente, el galante caballero se giró hacia ella y Anna pudo verlo más de cerca. Le dio la impresión de que su rostro revelaba más madurez. Sus mejillas mostraron un rubor tenue y saludable, mientras este le tomaba la mano para besarla, igual que los caballeros de los cuadros del salón. La chica parpadeó, desviando la vista a un lado, denotando el halago que sentía de forma un tanto exagerada. Bajó las manos hasta juntarlas sobre el regazo-Exageráis, como siempre-Aunque le gustaba oír esas palabras-Me disponía a disfrutar de un agradable día de sol-Respondió. Alzó la vista hacia arriba, donde el sol brillaba con fuerza sin ser eclipsado por ninguna nube cercana. Sin duda iba a ser un día casi perfecto. Soltó un gritito de sorpresa cuando se vio atraída hacia él y este besó su mejilla en un trato menos formal y más personal. Al menos Anna lo entendía así. Se sentía más segura entre sus brazos, más especial, aunque simplemente era la recibida calurosa de un amigo que hacía tiempo que no veía, pero las fantasías de ella iban por otros derroteros. Rió como si hubiese dicho algo gracioso, olvidando el asunto del collar para esa “otra persona” por completo, y se dejó guiar-¡Cielos, no! Bueno…-Rectificó-Puede que sólo un poco-Pensó en su ama de llaves, la cual debía de estar buscándola. Tampoco iba a dejar atrás las murallas, aunque estaba segura de que si lo hiciese a la reina no le importaría-Ella no controla mis pasos -Contó-Está demasiado ocupada con… Bueno, no lo sé, con lo que quiera que sea que haga-Agrió el gesto al pensar en su hermana, como si hablase de un desconocido que no la tenía en alta estima. Anna era poco más que una inquilina en Arendelle.

Lamentó tener que separarse de él cuando Franz deshizo el abrazo, pero supo que era lo correcto. La gente empezaba a mirar y a cuchichear cosas, y aunque a ella eso le daba igual, como princesa tenía sus obligaciones. Como compensación, la joya que él había estado ojeando cayó pesada sobre sus manos, haciendo que abriese mucho los ojos, como si así pudiese verla mejor. Sin pensarlo demasiado, arrojó sus brazos sobre su cuello, entre eufóricas risotadas, más feliz que una perdiz. Se apartó de nuevo al recordar que estaban en un sitio público, ocultando su sonrisa.

-No hacía falta que te tomases la molestia, ¿Te importaría ponermelo?-Se sentía un poco más tranquila de ser la destinataria del regalo, pero una pregunta acudió repentina a su mente-¿Qué te trae por aquí?-Inquirió, pensando que tal vez se trataba de algún asunto diplomático. Anna miró tras el, pero no veía escoltas por ningún sitio, ni siquiera la capa de Franz parecía hecha para una visita oficial. Acarició distraidamente las crines del caballo mientras aguardaba, pensando que tal vez había venido a darle una sorpresa por su cumpleaños, solo que no era su cumpleaños.
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Re: A la luz del sol

Mensaje por Franz Ferdinand el Mar Ene 07, 2014 3:56 pm

Ah, si ella supiera… La cantidad de mujeres que terminaron odiándolo superaban el número de los dedos de sus manos. Y bueno, las manos de un par de soldados más también. Claro, todas contentas mientras fuesen mimadas y tratadas cual princesa, olvidando que él no deseaba otra cosa que una compañía momentánea. Después de todo, para lo “serio” tenía a Anna. Ya se acostumbraría a ella y, quién sabe, podría sentir algo menos fraternal por ella. Pero no estamos hablando de eso.

–Pues entonces llego en un buen momento… mi última visita se dio en pleno invierno, con lo que no pude disfrutar de su compañía bajo el sol.

No le gustó demasiado que ella escapara. Sí, su propia hermana escapaba de palacio seguido, pero es que ella era un tema aparte. Conocía cada trozo de Lindert como la palma de su mano, y su maestro en persona la estaba entrenando para que fuese capaz de defenderse. Anna… pues, era Anna. Franz dudaba que supiera manejar una espada. Y, nuevamente, descubría algo interesante sobre su alteza Elsa. ¿Así que no eran unidas? Curioso, muy curioso. Normalmente las hermanas se llevan bien, ¿no? Digo, él se llevaba bien con la duende.

–Por muy ocupada que esté, no deberías salir sola sin avisarle al menos. ¿Y si algo te pasa? – no quiso sonar tan brusco, solo estaba preocupado. Por lo mismo suavizó su gesto antes de continuar. –Este sitio se ve tranquilo, pero nunca se sabe. Hay muchos locos en estas tierras. No me gustaría que te pasara algo solo por no llevar una escolta contigo.

¿Ven que era adorable? Solo con ese gesto, brusco pero sincero, a Franz se le pasó el ligero enfado por saberla sola. Si es que era una princesita de lo más encantadora. Tal vez, solo tal vez, padre no tomó la decisión equivocada al pedir a la segunda hija de los reyes de Arendelle. Después de todo, pudieron comprometerlo con la primogénita. Franz intento no demostrar lo poco que le gustaba esa idea.

–Para nada, solo espero que se vea bonito en tu cuello, o tendré que pedir la devolución de mi dinero…

Como no era la primera vez que ponía algo a una chica, no tuvo problema en colocarse tras Anna y, con un movimiento ágil, dejar el regalo en su sitio. Por alguna razón, pensó que la chiquilla tenía un cuello bastante bonito. Fino, como el de una princesa. Luego quiso golpearse. Es que es una princesa… aunque no se note demasiado.

–Bueno, ¿acaso no puedo visitar a mi prometida sin avisar? Y yo que creí que mi visita sería de tu agrado. –
no, pudo responder otra cosa. Siquiera él estaba seguro de qué hacía ahí. –Si quieres me voy ahora, eh…

Hasta hizo el gesto de agarrar a Fer y marcharse, por mucho que no tuviese esa intención. Que ya estaba ahí y no pensaba irse tan pronto.


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Re: A la luz del sol

Mensaje por Anna el Miér Ene 08, 2014 2:34 pm

El encuentro activaba su felicidad, pues definitivamente tendría algo en lo que pensar en lo que quedaba de día, y eso si no lograba retener al príncipe al menos unas horas más. La sonrisa en su rostro parecía permanente, a pesar de que se debía a la novedad. Tenía suerte de no tener que esperar otro año para volver a verle, pues las cartas, aunque las guardaba con mucho cariño, no eran lo mismo que el contacto físico. Ni de lejos. Anna era todavía una adolescente, por así decirlo, al menos su edad mental así lo demostraba.

Hizo un gesto con la mano, restándole importancia a los motivos que preocupaban a su prometido, con una expresión traviesa que revelaba que no era la primera vez que lo hacía, ni la última.

-¿Qué me va a pasar? Este debe ser el lugar más seguro del mundo-Parecía que esa afirmación la fastidiaba en lo más hondo-Estoy bien-Aseguró, muy confiada. Arendelle era un reino pequeño, y ello tenía sus consecuencias: Casi todo el mundo se conocía, por lo que los secretos eran algo prácticamente inexistente (o al menos eso creía) y los rumores viajaban excesivamente rápido. Por no hablar de las casi constantes jornadas de puertas cerradas, lo que era prácticamente siempre-No creo que nadie entre en el recinto sin que la reina lo sepa-Aunque ahí estaba Franz, ¿Lo sabría Elsa? Esperaba que no, pues eso seguro que haría que su hermana le robase su tiempo con él, aunque sólo fuese por algún estúpido asunto oficial, y Anna no estaba dispuesta a consentirlo. Nunca había dispuesto de mucho tiempo durante sus llegadas, y eso significaba no desperdiciaría ni un segundo-¡Claro que llevo escolta!-Colocó sus manos sobre sus caderas, fingiendo sentirse ofendida-El único problema es que la he perdido… Hace un rato-La había despistado a propósito, más bien, pero no quería recibir una reprimenda por su parte. No sabía si el príncipe vería eso con buenos ojos o todo lo contrario. Anna se apartó las trenzas hacia un lado, sujetándolas con la mano izquierda, para despejar su cuello y dejar vía libre a Franz, para luego soltarlas cuando notó el peso sobre su clavícula. Estaba deseando de verselo puesto, aunque tendría que esperar, claro está. Lo sostuvo un momento en sus manos y luego sonrió-Sabes que no he querido decir eso-Negó, sacudiendo la cabeza-Simplemente no me lo esperaba-Hizo un mohín inocente con los labios, y alargó la mano para detener el amago de su prometido, agarrando su brazo-¿Ha ocurrido algo?-Interrogó, mirando sus ropas de viaje, tan distintas de las prendas principescas que le había visto llevar. Parecía preocupada-¿Vas a sugerirme que nos fuguemos juntos?-Esta vez, la seriedad se esfumó tan pronto como había llegado, para dar paso a una expresión bromista y divertida a la vez, aunque en el fondo lo decía esperanzada.

Off:
Disculpa este post cutre D:, no estoy inspirada ;_;. Prometo que me esforzaré más en el próximo.
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Re: A la luz del sol

Mensaje por Franz Ferdinand el Jue Ene 09, 2014 3:59 pm

Cerró su puño, porque sabía que tenía razón. Arendelle era el sitio más seguro del mundo, por sobre cualquier otro reino pequeño. Franz nunca supo responder si era por obra de la geografía (estaban en el norte, aunque sin ese frío invernal, y bastante apartados del resto de la sociedad), o por las puertas cerradas. Tal vez nunca lo sabría. De todas formas, no le gustaba la idea de que ella estuviera por ahí merodeando sola.

–Muy seguro será, pero la gente de otros reinos no es como los de aquí. Sin dudas en algún momento alguien vendrá buscando conquistar… – y ahí su idea perdió peso. ¿Quién querría conquistar un sitio tan apartado? Y tan pequeño. Prospero, pero pequeño. O tal vez sí, una corona siempre llama la atención de algunos. También dependía de lo que quisieran conquistar. ¿El reino a la fuerza, o el corazón de la reina? –Bueno, tú me entiendes. Por lo demás, yo he entrado y hasta el momento ningún guardia me ha detenido, así que cualquiera puede hacer lo mismo.

Ja, jaque mate. Si a él aun no lo aprendían, o al menos se acercaban para preguntar qué deseaba, es que no tenían una buena seguridad. Sin una buena seguridad, cualquier cosa puede pasar. Y si cualquier cosa puede pasar, entonces él mismo se encargaría de que Elsa mejorase eso. O le enviaría una carta con sus inquietudes. No podía permitir que algo le pasara a la chica.

–Pues no deberías estar sola afuera, ¿qué haría yo si te pasa algo?  – sí, estaba mostrándose preocupado por ella. Después de todo, no eran un par de desconocidos. Y él tenía todo el derecho de ponerse mandón con ella, ¿no? –Hablaré con Elsa sobre esto, o te enviaré a alguno de mis hombres para que sea tu escolta personal… Ese no creo que se te llegue a “perder” –así, con comillas imaginarias con los dedos incluidas, porque Franz no era tonto y tenía experiencia suficiente para saber lo fácil que es dejar atrás a ciertas escoltas, sobre todo cuando se está en la plenitud de la juventud.

Aunque hubiese soltar su agarre o solo dejarlo ahí, prefirió tomar su mano y enlazarla con la suya. Como un buen prometido, ¿no? No deseaba que se preocupara por él (aunque si supiera… si supiera estaría muy preocupada). También porque así la tenía cerca y controlada. Capaz se le terminaba escapando, con lo traviesa que era…

–Pues… –decirle, no decirle. Preguntas existenciales pasaron por la mente de Franz, los pro y los contras. Sin dudas en algún momento debería decirle la verdad a Anna, estarían casados… pero no, aun no era ese momento. Ella no lo comprendería y, de todas formas, no le sería de ayuda. Solo serviría para traer más problemas a la ecuación. –No, Lindert ha estado especialmente tranquilo por estas fechas. Excepto por el frío, claro, pero ya sabes, ahí siempre hace frío.

Malditos ancestros que se les ocurre construir el reino a las faldas mismas de esa puñetera cordillera nevada los 365 días del año. ¿Qué nunca pensaron en el frío? ¿En que sus pobres descendientes deberían tener que andar con pieles hasta en la cama? Ridículos todos.

Y no, nunca le diría que se fugaran. Primero, porque lo que menos deseaba era que su cabeza estuviera en la lista negra de la reina de Arendelle y el rey de Lindert. Segundo, porque no hacía falta; ya estaban perfectamente comprometidos y ella no se le escaparía a ningún sitio. Él tampoco se iría…

–Pues me encantaría sacarte de este reino a tomar unas vacaciones por Marshovia o Grim. –dijo, acariciando un momento la cabecita de ella. Menudas ideas tenía. –Pero lo que menos quiero es tener problemas con su alteza. –independiente de qué alteza hablaba, su padre o la hermana de ella. –Así que tendremos que esperar la boda, me temo. Ahí te llevaré a dar un largo viaje por todas estas tierras.

Y casi, casi sonaba a promesa, aunque a él le sonaba de lo más normal. Se supone que debía presentarla como la futura reina, ¿no?  Tendrían que dar un tour político justo en la luna de miel.


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Re: A la luz del sol

Mensaje por Anna el Vie Ene 10, 2014 9:05 am

Encogió sus hombros, en parte porque lo dudaba seriamente, pues Arendelle no era mas que un pedazo de tierra, un reino menor que aún resistía pero que poco duraría. También porque Anna no tenía ni idea de política, y eso que estaba bien metida en ella a causa de su compromiso.

-Tu eres diferente-Replicó Anna con cabezonería. Podría ser que le hubiesen reconocido y hubiesen hecho la vista gorda… No, eso no tenía mucho sentido, de lo contrario ahora estarían rodeados por un llamativo séquito. Pero si que confiaba en que el príncipe fuese lo bastante bueno como para escabullirse sin ser visto, aunque no tanto como para evitar ser reconocido por ella-Nadie en su sano juicio intentaría colarse aquí con fines poco honestos, incluso los ladrones deben saber que no sacarían nada de Arendelle, ¿Qué hay de valor que merezca ser robado? Ni siquiera la corona que lleva Elsa en su cabeza vale tanto. Te lo prometo, no me pasará nada. Lo hago bastante a menudo-No tanto como le gustaría, en realidad, y por supuesto no podía abandonar el recinto de las murallas en ningún momento. Pero se jactaba de su pseudo-libertad como si fuese lo mejor del mundo. Lo mejor que tenía, claro. Había veces en las que Anna se sentía como una mona de circo, encerrada tras los barrotes esperando ser vista-¡No!-Exclamó enfadada-No necesito vigilancia durante todo el día-Cruzo los brazos sobre su pecho, arrugando su expresión en una mueca de disgusto, que sostuvo a pesar de que este tomó su mano con delicadeza. No iba a dejarse desarmar fácilmente cuando se trataba de su propia intimidad-Ya no tengo 15 años y me conozco el castillo como si fuese mi propia mano- Y una niñera seguía siendo una niñera, llevase y delantal  o cota de mallas y alabarda-Por favor, no lo hagas. Además, Elsa se lo tomaría como un agravio. Puede que incluso te acusase de espionaje-Confió, disuasoria. Eso último no iba en serio, aunque viniendo de su hermana, cualquier cosa era posible-Me alegra saber que está todo en orden- Le gustaba fantasear con que ya vivía en Lindert, pues el frío no la asustaba. Los inviernos no eran precisamente cálidos en Arendelle, por lo que sabía que podría soportar cualquier temperatura si al menos podía respirar con la tranquilidad de no saberse encerrada. Porque cuando estuviese casada, nadie la controlaría. Franz era afortunado, gozaba de libertad para ir de aquí allá, como revelaba su presencia en el palacio, y además seguía teniendo a su familia. Un día ella también formaría parte de ella-¡Me encantaría ir a Marshovia!-Exclamó emocionada-Aunque he oído que en Grim son todos un poco raritos. Quemar ruecas… Que locura-Se palmeó la frente tras decir aquello, como si fuese el comentario ingenioso del año-¿Cuánto tiempo piensas quedarte?-Aprovechando que tenía sujeta su mano, le dio un tirón afectuoso-Hace unas semanas encontré un pasadizo que lleva hasta el invernadero, ¡Podríamos vernos allí después de la cena!-Dio por sentado que serían al menos unos días, de los cuales deseó que Elsa no le robase demasiado tiempo a su prometido. El príncipe y la reina no eran precisamente amigos del alma, pero los asuntos del gobierno siempre provocaban algún que otro encuentro. Anna no soportaba la idea, y le producía unos celos terribles, aunque no sabría decir si era porque Franz pasase tiempo con su hermana o simplemente porque la arisca Elsa prefiriese la compañía de este a la suya.
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Re: A la luz del sol

Mensaje por Franz Ferdinand el Jue Ene 23, 2014 12:59 pm

Suspiró, y si bien quiso seguir llevándole la contra, al final lo dejó pasar. Tal vez tuviese razón y nadie intentase hacer nada. Realmente esperaba que fuese así, por el bien de ambos. Y también porque no pudo quitarse Lindert de su cabeza. Mejor que ella disfrutara del sol mientras pudiera...
Sobre lo de Elsa, ciertamente no lo había visto así, aunque con lo bueno que era él con ella seguramente se lo pensara.

-Está bien, está bien... - levantó su mano libre, dando a entender que esta ronda la ganaba ella. A medias claro. -Aunque no puedo evitar preocuparme. Así que evitame un infarto y mantente atenta a todo. No queremos que quedes viuda antes de la boda, ¿o sí?

Sonrió al notarla tan emocionada con la idea del viaje. -Pues a Marshovia iremos, querida...

-Tengo entendido que fue gracias a la partida de su princesa, Aurora. Pero no estoy tan informado, casi no visito esos reinos.

Los reinos donde sus princesas estaban perdidas eran algo aburridos para Franz. Todos estaban demasiado tristes para su gusto. Una vez visitó el reino del Sol y casi le da un infarto. Vaya reyes más melancólicos... Eso pasaba por no tener una buena seguridad. Así de simple. Si él tuviera niños los mantendría a salvo de todo...

Guardó silencio. La pregunta fea... -Anna. -musitó, mientras ella soltaba todas sus ideas. -Anna... -repitió, más fuerte, pero no lo suficiente. Por eso le dio un ligero apretón, para llamar su atención. -Querida, no voy a quedarme a cenar... Me marcharé en una hora, tal vez dos. Vine a visitarte, puesto que me iré de viaje a Marshovia. Un asunto de negocios...

Por alguna razón, se sintió avergonzado. Y deseó no marcharse. Por supuesto, tendría que hacerlo pronto. No puedes eludir un destino. Pero estar ahí, bajo el sol, en compañía de ella era dulce...

-Sin embargo, podemos cambiar cena por un desayuno tardío, si deseas... Y me mostrarás ese invernadero en otra ocasión.


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Re: A la luz del sol

Mensaje por Anna el Jue Ene 23, 2014 1:40 pm

-Lo haré-Prometió, mientras cruzaba los dedos de su mano derecha tras su espalda. Franz se preocupaba en exceso por su seguridad, al igual que el resto de personas. Parecían no querer entender que Anna ya no era una cría, y que no iba a quebrarse si le daba un poco el aire. No era ninguna muñequita a la que tener vestida y quieta en una vitrina mientras esperaba que el tiempo pasase. Ella había nacido para la acción, y eso era justo lo que pensaba encontrar, a pesar de los obstáculos que se cruzasen en su camino. El sol siempre brillaría en su camino, y creía con fe ciega que podría solventar cualquier cosa que se le presentase. Dirigió una mirada soñadora al príncipe, tan maduro, tan alto, tan guapo… Definitivamente sus padres habían hecho un buen trabajo, asegurándole un futuro al lado de un hombre apuesto que si la comprendía. Anna se sentiría segura en sus brazos una vez que se trasladase definitivamente a Lindert, y estaba convencida de que iba a darle muchísimos hijos. Se sonrojó al sorprenderse pensando en aquellas cosas tan precipitadas, por ahora debía conformarse con las miradas de complicidad y algún que otro beso furtivo en la mejilla. Ya habría tiempo, ya, aunque Anna no era precisamente una chica paciente-Lo estoy deseando, ¡No puedo esperar el momento de ver uno de sus hermosos atardeceres!-Porque, aunque Arendelle también tenía costa, no podía comparar el fiordo al que estaba más que acostumbrada a mirar, a un bello paisaje que daba al mar abierto, ribeteado por la luz del sol que teñía sus aguas de naranja al esconderse, una señal inequívoca que prometía infinitas posibilidades, tantas como largo era el horizonte-¿Qué?-Su voz se quebró y su felicidad se esfumó. Anna hizo un puchero, pensando que se trataba de una broma de mal gusto, pero la expresión se volvió real al comprender que no estaba intentando tomarle el pelo, ¿Por qué todo el mundo la abandonaba? Era tan injusto. Ahora que lo tenía allí no quería que se fuera, y tener que esperar otros largos meses para volver a verse. A pesar de ser su prometido, Franz era lo más cercano que había en su vida a un amigo, un confidente, y la noticia la hizo sentir como una hambrienta a la que le enseñasen un apetitoso manjar para después arrojarlo a los perros -¡¿Por qué?! Pero… Has llegado hasta aquí…-Sus cejas se curvaron hacia abajo, con decepción. No quería dejarlo ir tan pronto, y se aferraría a cualquier cosa para alargar su compañía durante al menos un día mas-¡Tendrás que descansar! No puedes partir así como así. Y ni siquiera llevas un escolta, ¿Qué pasa si te asaltan por el camino? ¿Y qué hay de las provisiones? ¡Vas a matar al pobre caballo si no lo dejas que repose un poco!-Anna lo agarró del brazo y se balanceó hacia delante, como si buscase en su espalda a un sirviente invisible que no había. Precisamente ella era de las que los peligros que pudiese hallar en el camino, desde su punto de vista ingenuo, no le supondrían mayor mal que una interesante aventura, ¿Qué iba a saber? Pero este caso era diferente, su alarma disuasoria se había disparado. Estaba acostumbrada a salirse con la suya la mayor parte de las veces. No quería que hubiesen nuevas excepciones.-Por favor, no te vayas tan pronto. Estoy segura de que Elsa dejará que te quedes, por lo menos hasta mañana…¡Un momento! ¿Y si me voy contigo?-Sus ojos se iluminaron con un brillo desmesurado, sin llegar a creerse lo que acababa de decir, ¿Cómo no lo había pensado antes?-Nadie me echará de menos. Y podría ayudarte en tus negocios, soy buena regateando.-Aseguró con complicidad.
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Re: A la luz del sol

Mensaje por Franz Ferdinand el Mar Ene 28, 2014 5:10 pm

Por un momento, el príncipe se sintió culpable. ¿Es que alguien puede negarse  a semejante... puchero? Y a cada una de sus palabras, desde el quédate al me voy contigo. Lo consideró dulce, en parte. También sumamente arriesgado. Y si bien por un momento pensó en llevarla, cambió de idea casi al instante. Estaba seguro que ella sería más comprensiva si iba solo. Tampoco pensaba ponerla en riesgo gratis.

-He descansado bastante en el camino, y por lo demás Fer y yo estamos acostumbrados a largas travesías. - que no era mentira, aunque el susodicho lo mire mal por negarse a una noche agradable. Y que prometía tanto, porque sería la primera que pasaran "solos". Sin escoltas, ni el rey de Lindert vigilando sus pasos. Pero Franz era un hombre de palabra y debía largarse a cumplir con sus promesas. -Y a la fecha nunca me han asaltado, al menos cuando voy solo. Por lo demás, mi espada está acostumbrada a defenderme - tampoco era mentira. Curiosamente, las veces que intentaron asaltarlo fue cuando iba con su escolta. Mala suerte. -Lo siento, pero no puedo quedarme. Tengo negocios importantes que atender allí y no pueden esperar, son urgentes... Es tentador, me encantaría disfrutar de tu compañía y lo sabes. - no, no estaba exagerando, que se creen. -Y me encantaría llevarte, pero no puedo. Estoy seguro de que a Elsa no le haría gracia que te secuestre...

Señor, la que se armaría en ese caso... sería épico. Franz no deseaba tener problemas con la reina de Arendelle por secuestrar a su hermana menor, por muy prometida suya que fuera. Tampoco con el rey. Que sí, se llevaban bastante mal, pero en esos temas no deseaba meterse. Una cosa era negarse a un capricho, otra secuestrar una princesa y llevar a ambos reinos a una "guerra".

Franz no estaba seguro de qué se hacía en estos casos, pero no se sentía a gusto teniéndola tan triste. No era algo para sentirse muy orgulloso...

-Volveré, ya verás. En unas semanas me tendrás aquí otra vez...

Aunque no estaba seguro de cuanto tardaría, sabía que no era buena idea decirle que podrían ser meses. Su cerebro le decía que eso no le sentaría bien a la chica.

-Y, si deseas aun ese viaje, luego te llevaré a dar una vuelta por Lindert...

Sí, eso sonaba bien. Hablaría con Elsa sobre llevarse una semana a Anna a su castillo, para que ella misma hiciese los preparativos... Y, bingo. Recordó ese detalle. Eso que-estaba-prohibido-hablar, según su padre. Y comprendió en parte la razón de que ella no quisiera que se fuera así. Tal vez pensara que, como pasó antes, no regresaría. Tal vez sus padres le dijeron lo mismo antes de partir ese día: no te preocupes, volveremos en unas semanas.

Tomó el mentón de la chica, cuidando que lo mirara. Se movía demasiado y, por una vez, quería que se quedara quieta y atenta a sus palabras. A ver si lograba convencerla sin terminar discutiendo.

-Anna, sabes que voy a volver, ¿cierto? -preguntó, cuidadoso. -Saldré de aquí, completaré mi tarea y regresaré contigo. Será pan comido. Y luego tendremos un tiempo juntos, sin interrupciones.

Ay, estaba prometiendo demasiado, pero no podía evitarlo. Solo quería que se quedara tranquila y sonriera como si nada. Lo que menos deseaba era irse con la imagen de una Anna triste...


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Re: A la luz del sol

Mensaje por Anna el Miér Ene 29, 2014 3:32 pm

Un no era un no, en todos los idiomas, ese par de letras que le provocaban un nudo en la garganta y la llenaban de desazón. Odiaba los “No”, a muerte. Como venía a ser costumbre, otra puerta se cerró delante de las narices de Anna, haciendo que sus protestas fuesen inútiles y pueriles. Después de tantos rechazos, se suponía que debía estar acostumbrada, pero la princesa era obstinada y se negaba a ser dejada de lado de nuevo por alguien importante en su vida. Ya estaba bien, se sentía cansada a causa de la condescendencia que le dedicaban otros. Anna suponía que nadie creía que ella pudiese tener un pensamiento lúcido en su vida, como si fuese rematadamente tonta, un estorbo más… No quería ser esa piedra en el camino que se aparta para facilitar el tránsito, ella quería ser tenida en cuenta, y lucharía para que su prometido lo comprendiese, ya que los demás no lo consideraban oportuno. Para su desgracia, Franz podía llegar a ser más cabezota aún, poniendo entre la princesa y su viaje firmes e inamovibles argumentos que Anna desearía poder pisotear de mala gana. Asuntos de estado que posiblemente no entendería. “Pero algún día tendremos que hacerlos juntos” Protestó para sí.

Yo si quiero que me secuestres” Pensó esperanzada. Al menos eso le daría cierta emoción a su vida, ¿Qué importaban las consecuencias si lograba lo que quería? Se sentía sola y aburrida, sin nada que hacer más que mirar a la pared y aguardar con impaciencia las cartas de Franz. No podía hacer nada sin que su hermana, que la ignoraba eternamente, estuviese en boca de todos. Su extensa sombra frustraba todos sus intentos, como una nube de mala suerte que la siguiese a todas partes sin compasión, ¿Por qué no la dejaba vivir tranquila? Nadie nunca pensaba en lo que quería, simplemente hacían conjeturas sobre lo que era mejor o peor para ella. Cruzó los brazos sobre su pecho y miró hacia un lado, con los ojos brillantes y la decepción que comenzaba a esbozarse en sus facciones. Preveía una rabieta de las gordas, pero recordó en el último momento que estaba ante un príncipe, y no quería que pensase que era una malcriada egoísta, a pesar de ser la verdad.

-¿De verdad? Está bien-Accedió finalmente, frotándose la nariz con el puño, expulsando el intento de llanto que pretendía empañar su día. No estaba conforme ni mucho menos, pero que Franz se llevase una mala imagen de ella era lo último que quería, por no decir que no le gustaba estar enfadada: se le arrugaba la cara y le hacía parecerse más a Elsa. Contuvo un escalofrío-Te tomo la palabra. Pero en cuanto vengas, exigiré mi compensación-Advirtió con un tono que no dejaba lugar a dudas sobre lo enserio que hablaba-Tienes que hacerlo tan pronto regreses, no aceptaré ninguna excusa-Declaró, señalándole con el dedo. Le vendría bien cambiar de aires, aunque el reino vecino fuese completamente frío. La nieve era bonita, y podría hacer cuantos muñecos de nieve quisiese, por no hablar de la compañía que le aguardaría allí. Sin duda, Lindert le resultaría mucho más cálido y acogedor que Arendelle, a pesar del clima crudo que lo azotaba con su invierno glacial. Se dejó guiar por la mano de Franz, cuyo roce le arrancó un rubor infantil, prendiendo sus mejillas de forma instantánea. Anna no sabía muy bien que responderle, así que cediendo al impulso sonrió como una tonta y dijo-Si, lo sé. Pero no lo olvides, me lo has prometido-Le gustaba recalcarlo, como si fuese un contrato irrompible y duradero. No era de piedra, y tampoco sabía como iba a soportar de nuevo su ausencia. Parecía que, mas que llevar una hora escasa se hubiese pasado un año entero con él, y por eso era reacia a dejarlo marchar. Pecaba de encapricharse demasiado con la gente, y de querer tomar el brazo cuando sólo se le ofrecía la mano, pero no iba a cambiar su forma de ser-Te estaré esperando-Le costó trabajo decir aquellas palabras, que tan poco sinceras sonaban. Cualquiera diría que no tendría reparos en seguirlo nada más se diese la vuelta, pero por desgracia para ella, no iba a poder hacerlo. Fijo que la descubría en el minuto uno. Esta vez tendría que contentarse con cruzarse de brazos y mirar al reloj, lamentándose de no tener poderes mentales que acelerasen el tiempo a placer.



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Re: A la luz del sol

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