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Ajedrez [Elsa] +18

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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Vie Jul 25, 2014 3:43 pm

Off:
¿Chaqueta azul aterciopelada *-*? Como me conoces ¬w¬



- ¿Qué es lo que sabes de tu poder?¿De donde surge? ¿Desde cuando lo tienes?

-Desde que alcanza mi memoria-Respondió ella, mirnado los girlletes, tras los cuales, su magia pugnaba por salir y ser libre. Elsa fue consciente de la tesitura en la que se encontraba: Ella había nacido para ser libre, así lo clamaba el torrente de hielo que corría por su interior; sin embargo,su propia magia era la que la convertía en una prisionera, paradógicamente, motivo por el cual siempre había tenido que esconderse.


- Elsa...-La reina bajó los párpados mientras escuchaba su nombre, como una súplica lejana. No respondió, no obstante, sumida en sus pensamientos-No siempre fuisteis así. -Ella sacudió la cabeza, corroborando su afirmación.

El cuerpo del príncipe se encogió de pronto, y Elsa sintió como este presionaba su frente contra su regazo, desprendiendo el poco calor que su cuerpo albergaba. El contacto fue agradable, sin embargo cuando el alzó la barbilla, ella volvió a obsequiarlo con una mirada fría y carente de emociones.

- Cuando eramos niños, no eráis así. ¿Que os ha ocurrido?-Guardó silencio. De nuevo imágenes inconexas, niños jugando alegremente en un cuarto de juegos, algo que no le decía absolutamente nada... ¿Cuando era niña?... Por lo que a ella respectaba, siempre había estado encerrada, portando aquellos guantes que un día recubrieron sus blancas manos, para protegerla... No. Para proteger Arendelle de ella. De su poder. Del monstruo que se ocultaba en su interior.

-Siempre he sido así-Contestó, ausente, mirando hacia otro lado. Respondiendo a un impulso, volvió a sostener la mirada al príncipe arrodillado frente a ella, irónico teniendo en cuenta que la prisionera era ella, y él el carcelero.

Se veía reflejada en sus ojos verdes. Pero ¿Era ella misma o esa parte que se negaba a reconocer? Una joven rubia y altiva, de penetrante mirada azul turquesa, fría como el propio invierno. Se observó sonreír en ellos, mas era consciente de que sus labios permanecían en una mueca neutra.

Quería experimentar, ver hasta donde llegaba su poder sobre él... Su fuero interno era ahora un cruento campo de batalla entre dos facciones enfrentadas, cada cual más poderosa que la anterior. La reina de las nieves quería ese corazón congelado, mientras Elsa gritaba pidiendo que todo aquello parase... Pero la primera ganaba terreno. Instinto frente a razón. Poder frente a debilidad.

El tintineó del hielo al resquebrajarse se le antojaba como los acordes de una caja musical. Una punzada hizo que su respiración se cortase de forma momentánea, y erróneamente, creyó que a maldición ganaba terreno en él, sin darse cuenta de que era su propio corazón el que empezaba a perder el calor.

El frío se había mitigado, a pesar de que la escarcha seguía aferrada a la roca de la mazmorra. Elsa sonrió, sin embargo no se sentía feliz ni satisfecha... Como si siempre lo hubiese sabido: Podía controlar el hielo a su antojo. Podía detener su propio embrujo. Pero, al contrario de lo que pudiese parecer, no había sentimientos positivos vinculados a ello, sino la experiencia que proporcionaba todo lo contrario. Era el miedo que le habían inculcado el que le impedía tener un verdadero control... Pero este se había esfumado, y ahora sólo le quedaba rencor y soberbia.

-Liberadme, Hans-No era una súplica, ni siquiera una petición. Era una orden-Y yo desharé la maldición-Se refería a la suya, y no a Arendelle. El reino que la había visto nacer, el mismo que la había condenado, no merecía su misericordia ni su compasión. En cambio... De pronto, la partida de ajedrez había adquirido un cariz más trascendental: La vida de la reina estaba en manos del rey. La vida del rey estaba en manos de la reina. ¿Quién cedería primero?



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Miér Ago 13, 2014 12:38 pm

Liberarla... aquella petición empezaba a ganar mas fuerza en sus propios pensamientos. ¿Sería cierto lo que decía? ¿Acabaría con su propia maldición y la de todo el reino? ¿O solo era un macabro juego, donde la tensión entre ambos se hacía mas evidente a cada minuto que pasaba? Él quería vivir como rey de Arendelle y como héroe de su gente. Ella quería ser liberada y escapar a lo alto de su montaña, sola y apartada del mundo... Pero. ¿Quién le aseguraba que la soledad de la montaña no menoscabaría la cordura de la bruja, haciéndola volver al reino en pos de venganza? Ya lo maldijo una vez, podría hacerlo otra vez. No. era demasiado arriesgado permitir que se marchara. Tendría que encontrar algún motivo para que permaneciera en el reino, alguna forma de que se sintiera a gusto en aquel lugar y que la idea de escapar fuera un vago recuerdo de su subconsciente. ¿Como? Se preguntaba Hans mientras sacaba una fría llave de acero de su bolsillo. Demasiadas opciones y muy pocas soluciones. Liberarla y permanecer como rey hasta que decidiera volver, o acabar con su vida y arriesgarse a perecer a causa del maleficio.

Con manos temblorosas sujetó uno de los grilletes de la reina e introdujo la llave en en el interior de su cerradura. No la giró. La duda volvió a asaltarle, haciéndole fruncir el ceño mientras observaba a la mujer con notoria desconfianza. Una ida, una posibilidad nada desdeñable. ¿Cómo ganarse su confianza, su autentica confianza? Se había ganado el corazón de cientos de mujeres a lo largo de su vida, mujeres frías y distantes como el hielo, cálidas y alegres como el verano, gruñonas y salvajes cual primavera. La única forma de asegurarse que no le traicionaría una vez liberada, era llegar más allá que las simples palabras vacías y respetuosas que habían mantenido hasta entonces.

- Elsa...

Murmuró arrodillado frente a ella, con los dedos entumecidos sujetaba la llave que separaba la vida de la muerte, la traición de la lealtad. Su mirada se apartó del candado centrándose en los ojos azul cielo de la bruja del hielo. Desde hacía un rato sentía cierto hipnotismo en sus ojos, su cuerpo había descendido de temperatura de forma drástica y poco le separaba ya de la hipotermia. Sus dedos rozaron los grilletes helados hasta llegar a la piel bajo la manga de sus ropajes, daba la sensación de que su cuerpo era más cálido que cuando lo tocó hacía unos minutos. No, imposible, debía ser él quién estaba más frio. Sentía el aire frio adhiriéndose a sus pulmones, la necesidad de tomar algo de calor de cualquier fuente termia resultaba demasiado tentadora. En aquel lugar ya no quedaba nada que pudiera aliviar su deseo, nada…

Acarició sus brazos con la yema desnuda de sus dedos, recorriéndolos con el dulce tacto de un deseo que se hacía palpable por segundos. Sus manos alcanzaron su cuello, fino y erguido de regia dama, el cual parecía poder llegar a desquebrajarse con la simple caricia del frio viento invernal. Su rostro avanzó despacio, con una determinación impropia de él. ¿Qué deseaba hacer? ¿Qué haría cuando lo hiciera? ¿Qué ocurriría cuando ocurriera? Su pulgar rozaba la mandíbula de ella, mientras sus dedos se hundían entre su cabello congelado desbaratándolo mientras más hondo llegaban. Sus labios apenas quedaban separados por sus alientos entremezclados, el vaho que exhalaba el príncipe ascendía en el aire cual humo de hoguera. Su boca entreabierta ya rozaba los labios húmedos de ella, cuando empujado por un deseo incontrolable los unió a los suyos sellándolos en un beso que entremezclaba la calidez de la vida con el frio de la muerte.


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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Sáb Ago 23, 2014 8:25 am

La reina ya había hecho su jugada. Ahora era el turno del rey...

Sostuvo su mirada de forma fría e imperturbable, como si ella misma fuese un muro de sólido hielo, tal cual su corazón se hallase congelado. Ni una sola emoción asomaba detrás de aquellos iris de color turquesa, con la regia altivez de una monarca soberbia. El príncipe metió la mano en su bolsillo para sacar una pequeña llave de hierro y Elsa supo que no necesitaba mirarla dos veces para comprender que ese pequeño objeto de metal podía traducirse como su libertad... Una libertad que ansiaba con todas sus fuerzas, pero que, sin embargo, se hallaba en manos de aquel hombre. ¿Era acaso una muestra de que el poseía también el poder en aquella situación? Tal vez no la creía capaz de cumplir su amenaza... Su rostro se mostró duro y amenazador, sin embargo la máscara se quebró, flaqueando en el último momento. Sus cejas registraron cierto desasosiego y temor, permitiendo que el miedo volviese a ganar terreno frente al odio y el rencor. Muy a pesar de sus anhelos, la reina no se creía capaz de hacerlo de nuevo, o más bien no quería. Sus amenazas habían sido fruto del rencor, pero no quería esas responsabilidades sobre su conciencia, sólo escapar...

Pero sabía que mostrarse frágil sólo significaría la abierta victoria del príncipe, por lo que tomó aire y se concentró en la entrada a la celda, por cuyas rendijas irrumpía la luz mortecina de alguna antorcha que iluminase el pasillo. Sintió entonces, como el hombre asía sus manos prisioneras, y el sonido de la llave al irrumpir en sus grilletes fue como un despertar... Un despertar confuso, dulce y amargo, pero necesario a fin de cuentas. Un mareo repentino sacudió su cuerpo, y ella luchó por mantenerse erguida y solemne, asustada por creer que había logrado librarse de la jaqueca. Podía decirse que casi no podía creerlo, y que saber que su poder de persuasión había logrado doblegar parte de la voluntad de Hans, era algo sin duda perturbador. Pero tampoco podía recrearse en lo que no tenía... Luchando contra sí misma, Elsa era consciente de que no podría abrazar la libertad hasta que hubiese abandonado totalmente el palacio, una perspectiva demasiado alentadora como para ser cierta, sin embargo había logrado que el cediese.

- Elsa... -Susurró su nombre. La reina vaciló, pero no le miró, demasiado turbada por aquel tono que acababa de usar. Debía mantenerse serena, pues cada vez sus defensas flaqueaban y perdía el control que tanto esfuerzo le había constado conseguir. Era lo mejor, a fin de cuentas: Debía ser temida y respetada. Había logrado una victoria, ¿No es cierto? No obstante, se sentía terriblemente derrotada...

Hans se detuvo, y la alarma floreció de nuevo dentro de su pecho. ¿Había cambiado de idea? Esta vez no fue capaz de esconder lo suficientemente bien la consternación, bajando la mirada hacia el joven arrodillado. La súplica hacía brillar sus orbes, mientras la ira bullía en algún lugar, clamando recuperar el control de nuevo. Debía haber supuesto que el príncipe no tenía intención de liberarla, simplemente pretendía burlarse a su costa, disfrutando de su sufrimiento... Pero era absurdo, ¿Acaso pretendía condenarlos a ambos? Pues que así fuese, pensó la reina de las nieves. Ya nada tenía que perder, pues no había nada que pudiese llamar suyo. La traición hizo que despertase de nuevo, apretando los labios en una fina mueca de desprecio, mientras se preparaba para acabar con aquella farsa, y sumir en el más absoluto hielo aquel corazón que ya de por sí era frío. Notaba como alma vibraba, despertando unos poderes que terminarían por irrumpir dentro del cuerpo del joven, apoderándose del poco calor que este pudiese albergar para convertirlo en su esclavo eterno.

Se detuvo de golpe, con el pecho agitado y la mirada clavada en los ojos de Hans, visiblemente turbada. ¿Qué era lo que la impelía a detener su hechizo? Sentía bajo las mangas de lino la caricia tibia de su mano desnuda, menoscabando su quebradiza voluntad, que provocaba que su cuerpo empezase a temblar como su pudiese sentir las bajas temperaturas de la sala.

-N-no-Logró articular. Su voz mostraba un cariz asustado, a medida que la mano del príncipe ascendía hasta su cuello. ¿Iba a estrangularla?-¡No!-Vociferó altanera-Detente de inmediato-No hubo presión por su parte, simplemente un roce delicado y altamente confuso, casi como el tacto de un amante, mientras peligrosamente volvía a invadir su espacio vital sin pudor alguno. Sus hombros se estremecieron al notar aquellos dedos deshaciendo la trenza que caía sobre su piel, dejando el cabello suelto como una ondulada cascada de plata líquida-Para...-Advirtió, de nuevo regresando a la niña asustada, que se debatía entre el desasosiego y una sensación con la que no estaba familiarizada, pero que la atraía perturbadoramente hacia él. El olor de Hans, entremezclado con la calidez de su aliento, acariciaban su piel, despertando un extraño cosquilleo en su interior. Elsa trataba de rehuirle, pero estaba demasiado cerca como para poder mirar hacia otro lado. Con el ceño fruncido, se concentró en sus ojos verdes, aún adornados por aquella estrella que empezaba a agrandarse dentro de sus iris que la invitaban a perderse en ellos. La congelación era inminente, y abatida, bajó la mirada, pasando por su nariz hasta llegar a la curva angulosa de su barbilla. Bizqueó al ser consciente de la cercanía de sus labios, finos, intuyendo unas intenciones deshonestas, aturdida por el aroma embriagador que manaba de su cuerpo, ¿Qué le estaba pasando?-Suéltame o...-No llegó a terminar la frase, caracterizada por una amenaza vacía. Ya no había espacio entre ambos capaz de salvar las distancias de algún modo, muy a pesar de que la reina intentó retroceder, resistiéndose a aquel beso que fundía su boca con la de Hans. Nadie tocaba a la reina sin permiso, nunca. Ese era un desafío al que no sabía como hacer frente. Forcejeó incansable, no queriendo corresponder a su envite, apretando sus labios... Hasta que se percató de que la lucha no era contra él, sino contra sí misma y el impulso que la incitaba a no oponer resistencia. La revelación le hizo perder fuerza, derribando su escudo de hielo confundida por el tacto agradable de su mano fría, cuya caricia provocaba escalofríos en la base de su espalda. ¿Qué estaba haciendo? ¿Se había vuelto loco? No, tal vez la loca era ella... El juego movía ahora sus fichas en otro terreno. Elsa despegó lentamente sus comisuras, y con lentitud, comenzó a corresponder a sus besos, cálidos a pesar de la frialdad de la celda oscura.

Off:
¿Esto que es xD? ¿Esto?



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Lun Ago 25, 2014 7:09 am

Los labios forzados respondieron al húmedo abrazo de los suyos, entremezclados entre el frio glacial y el calor humano que desprendían ambos cuerpos en completa armonía. Sus manos acariciaban la delicada piel que apenas se dejaba entrever bajo los pliegues de su simple vestido, prenda nada delicada que cubría las decencias de una reina frágil cual tempano de hielo. Se sentía extasiado, el dolor había amortajado su frio corazón por unos escasos instantes, para acabar despareciendo en el instante en que su labio inferior fuera amordazado por los de la joven que ante él se encontraba.

El príncipe nunca hubiera imaginado llegar a ser capaz de realizar tal proeza, besar una prisionera resultaría descorazonador para cualquiera que lo viera, mas si dicha prisionera días antes fuera la recién coronada reina. ¿Por qué? ¿En qué pensaba? Aquella mujer tenía un poder que no controlaba, y dudaba seriamente fuera capaz de controlar. ¿A donde quería llegar? Había arriesgado su vida en un intento por satisfacer la necesidad de su propia supervivencia, y la jugada parecía haber dado un resultado como poco inesperado. Un grito, un golpe, un hechizo, una amenaza... si había esperado cualquiera de aquellas opciones. ¿Por qué arriesgarse? Algún recodo de esperanza ciega le había impulsado a actuar sin temor a las consecuencias, pues nunca en cualquier otra situación se habría atrevido a actuar de aquella manera. Aunque visto el resultado, ya daban igual los motivos que hubiera tenido para hacerlo, solo importaba el cómo continuar con aquello.

Sus dedos se deslizaron por su cuello, acariciando con yemas temblorosas una piel que había estado vetada para el mundo desde su nacimiento. La ternura con la que sus labios envolvían a los de ella, se hacían poco a poco más apasionados. No había cabida a la brutalidad, no había espacio para la dureza, cada movimiento y respiración era guiado por una sensualidad tal que haría la envidia de cientos de enamorados. Sus alientos entremezclados en dulce deseo, sus ojos cerrados agradecidos por el disfrute del momento, sus manos que buscaban acariciar la fruta prohibida tentadas por la represalia de sus actos.  Recorrieron sus brazos hasta alcanzar la fría superficie metálica bajo la cual se ocultaban sus manos. La llave aún guardaba alguna respuesta por parte del príncipe. ¿Se dignaría a liberarla tras lo que había hecho? ¿Sería seguro para su persona? Tomó la cabeza de la llave y la giró una única vez, un "clic" precedió a la apertura de los grilletes por la mitad. Estos cayeron al duro suelo de piedra, permitiendo a la dama de hielo responder a tal ofensa como mejor prefiriera.

Sus manos se cernieron entorno a las de ella, aferrándolas cual ave de presa y alzándolas por encima de sus cabezas. Tomó sus muñecas con una sola mano, pegándolas contra el frío muro con una fuerza que se hacía poco fácil de resistir. Mientras sus labios seguían atacando los de ella, su diestra acariciaba su cintura descendiendo lentamente, con caricias delicadas que discrepaban con la fuerza con la que era maniatada. Apartó los labios de los suyos, recorriendo su mandíbula con delicados mordiscos y tiernos besos hasta alcanzar su cuello. Un cuello que en toda su existencia apenas había visto la luz del sol, ahora era el objeto de deseo de un príncipe sureño.


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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Sáb Ago 30, 2014 12:22 pm

Cualquier control sobre la situación, aunque efímero, lo había perdido por completo. Ya no era dueña de sus actos, dejándose llevar por un impulso más bien irreflexivo que la empujaba a buscar el calor en los fríos labios del príncipe sureño, algo completamente impropio de la altanera reina de las nieves, demasiado tímida e inexperta en un campo que le estaba vedado. Sabía el desenlace antes incluso de que este llegase a producirse: Hans estaba firmando su sentencia con cada roce descarado, y lo peor era que Elsa no sabía como pararlo.

Con torpes movimientos, la dama melancólica correspondía a la sutil caricia, sin saber si seguía defendiéndose de su intrusión o simplemente había optado por plantar batalla allí mismo y apartarlo de su cuerpo. No lograba entender como el juego había degenerado de tal forma que el tablero se había trasladado a sus labios, en un intento por competir por ver cual de los dos poseía más poder, ¿O símplemente era una toma de victoria por parte de Hans, quien ya se creía ganador en su  propio terreno? Aquello la enfurecía a la par que la sobrecogía a partes iguales, poco reacia a permitir que siguiese con aquello. Elsa no era esclava de nadie, y por muy desesperada que estuviese, por mucho que su orgullo se pisotease, no se arrastraría hasta el punto de entregar su cuerpo a un hombre a cambio de algo que le pertenecía. Antes prefería yacer de por vida en aquel inhóspito calabozo, que dejar que el dispusiese a su antojo de su fruta prohibida con la promesa de su libertad.

Sin embargo su lucha interior era grande, combatiendo contra el y contra sí misma, que con la inocencia de una niña cedía a su invitación con timidez y curiosidad; era difícil seguir ignorando la tensión que empezaba a acumularse entre ambos con cada caricia, que despertaba escalofríos a medida que los dedos descendían por su cuello. No quería tener que empaparse de aquella realidad, tan incómoda y perturbadora. Asumir que aquella nueva realidad resultaba placentera era toda una contradicción para la reina, quien había empezado a temblar no de frío, sino de calor. Entregarse suponía una rendición, y un golpe de realidad la hizo volver a entrar en razón. Ese desconocido tenía la poca decencia de pretender profanar su cuerpo con total exención, olvidando que se hallaba ante una doncella, una bruja y una reina. Se removió hacia atrás, pero sus manos no le dejaban mucho espacio de maniobra, mientras trataba de escapar de su agarre. No quería volver a ceder... No podía. Aquello no iba a acabar bien...

Sus dedos entumecidos sintieron la brisa correr entre ellos cuando los grilletes cayeron de forma abrupta al suelo, y finalmente el objeto de su poder quedaba libre de nuevo. Sin guantes ni cadenas que tratasen de reprimir una magia que simplemente deseaba que la dejasen ir. Algo se rompía dentro de ella, como si el hielo se quebrase. Como si fuesen iguales. Trató de abrir los ojos para mirarlo de soslayo, evaluando si Hans era un amigo o un enemigo sin obtener una respuesta lo suficientemente satisfactoria. Durante un breve momento, su memoria empezó a funcionar de nuevo, trasladándola a algún momento de su feliz infancia en la cual las aventuras estaban a la orden del día. Muchos niños había habido aquel día en el palacio de Arendelle, recordando como todos recorrían los pasillos. Los rostros infantiles cobraban forma ante sus ojos: Blanca Nieves, de piel clara como la nieve y cabello negro como el ala de cuervo; los misteriosos gemelos que habían aparecido; él, el niño idiota de la espada de madera... Y una pelirroja a la que no era capaz de poner rostro.

Lo recordaba bien, con más dolor del que podía soportar. El príncipe que mataría a la bruja, la cual había embrujado a una princesa... ¿Cómo un juego de niños podía alcanzar tales dimensiones? Porque era evidente que ni Elsa ni Hans eran ya dos infantes, ni lo que tenían entre manos era precisamente un juego.

Los dedos le dolían y sentía que de nuevo el llanto acudiría a ella, pues sus ojos empezaban a recubrirse con una fina película de lágrimas saladas, que se precipitaban mejillas abajo, dibujando surcos que terminaban convirtiéndose en estrellas de hielo. Alargó una de sus manos para sacarlas, cuando la mano desenguantado del príncipe la aprisionó de nuevo, junto con la otra, elevándola por encima de su cabeza mientras la empujaba contra el muro de piedra. Elsa dejó escapar un gemido de dolor al notar como uno de los ladrillos se clavaba en su omóplato, regalándo al muchacho una visión estupefacta, como si fuese incapaz de enlazar el hecho de verse libre del metal para ahora estar prisionera de nuevo. Hizo el intento de empujarle, más con ello sólo lograba que la piel y las uñas de Hans se cerniesen más en torno a sus muñecas, bloqueándole el paso.

-Tienes que dejarme ir-Advirtió, observando como su propio pecho ascendía y bajaba por culpa de la congoja. A pesar del frío sentía la temperatura demasiado elevada, no obstante la habitación seguía completamente helada. Pero el príncipe posesivo no parecía atender a razones, reanudando aquello que acababan de dejar a medias. Rehuirle era una tarea abocada al fracaso. Era muy complicado no tener miedo mientras afrontaba algo así, más difícil aún observando como a cada minuto el cabello de ese hombre perdía aquel encendido color cobrizo, tornándose blanco a medida que su corazón se congelaba. Cualquier pensamiento mezquino quedaba acallado por tamaña desazón, que provocaba que allá donde la mano del príncipe ejercía su fuerza, los poderes de la reina empezasen a congelarlas por mero descontrol, haciendo más difícil aún liberarse. Hans no tenía escapatoria, ni ella tampoco. Abrazó sus labios con intensidad, absorbiendo el aliento gélido que brotaba de su garganta, recuperando así un poder que era suyo por derecho y deteniendo el avance de la maldición que se apoderaba de él a cada minuto. El vapor que manaba de su boca se concentró ante sus ojos cuando el se apartó, y el calor volvió a debilitar la fuerza de sus piernas, concentrándose bochornosamente en su vientre, mientras este empezaba a trasladar sus besos a su cuello desnudo. Elsa apretó los muslos, huyendo de la mano enguantada de Hans que descendía con sensualidad por la curva de su cintura, ¿Hasta donde pretendía llegar?-Por favor-Gimoteó-Ya es suficiente...



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Vie Sep 05, 2014 3:42 pm

Hans sostuvo sus labios a escasos centímetros de los de Elsa. ¿Le estaba suplicando? Algo había oculto bajo aquellas palabras de la reina de hielo que había sembrado la duda en el príncipe. Aunque el significado de dicha frase resultaba evidente, había algo en el tono que le incitaba a descartar la posibilidad de obedecer su petición. No quería parar, algo le decía que no debía hacerlo. ¿Serían los besos de la reina? ¿La atracción innegable que producía su cuerpo en él? Fue en ese instante cuando se percató de que aún mantenía una de sus manos enguantadas, justo la que mas deleite debiera estar provocando en los presentes. ¿Por qué había cometido tal descuido? El roce de la tela con la piel no era del todo agradable.

Soltó las manos de ella, regulando unos pasos sin perder de vista a la mujer. ¿Un descanso? ¿Un gesto de rendición, seguido de una fría disculpa? Sus dedos desenguantados se habían entumecido a causa del frío, aunque por extraño que pareciera ya no le amortajaba con toda su crueldad. Tomó el indice de su mano enguantada con su mano desnuda, tirando con cuidado de este. El guante se deslizó elegante, descubriendo su diestra en toda su desnudez. Sintió el borde de la mesa sobre la que descansaba el tablero contra sus muslos, la partida había transcurrido con una normalidad imperturbable, desencadenando en una situación caótica e impredecible con un final que se antojaba inimaginable.

Sonrió ante una idea digna del mas travieso de los infantes, quizás ya fuera hora de acabar con aquella partida ya medio empezada. ¿Quién tomaría el dominio sobre el tablero? Las fichas temblaron como si temieran lo que iba acontecerles. Se acercó de nuevo a la prisionera, tomándola por la cintura e intercambiando sus lugares con gracilidad. Ahora era él quien se encontraba de espalda al frío muro, y el tablero reposaba ajeno tras los pies de la reina. Acercó mas cu cuerpo al de ella, empujándola hasta obligarla a tomar asiento sobre la mesa. Las piezas fueron arrolladas por una pasión que por momentos se hacía desenfrenada. Cual apocalipsis final, como si un volcán despertara en mitad del campo de batalla, las fichas abandonaron las armas y se desperdigaron en un sutil intento de salvad sus vidas. El rey oscuro que lideraba la eterna batalla contra el reinado de marfil, calló por los suelos llevándose por delante a la reina que durante toda la partida hubiera sido su enemiga. El príncipe se colocó entre las piernas de a dama blanca, acercándose cuanto pudo a ella mientras la tomaba por los hombros. Su rostro se acercó al suyo con una sonrisa lasciva, mientras su mirada entrecerrada se perdía en la profundidad de sus ojos celestes. Ayudándose de su diestra la hizo levantar la mirada, mientras acercaba sus labios carnosos con intención de volver a tomar posesión de los suyos en una silenciosa invasión que se topaba con escasa resistencia.

Mientras tanto, los dos ejércitos ya abatidos rodaron por los suelos de la celda, disgregándose de manera aleatoria por todo el lugar.


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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Mar Sep 09, 2014 12:54 pm

Forzándose a si misma a reaccionar y repeler el agente extraño, el cual recibía sin reparos, envuelta en su extasiante aliento. Se había convertido en una marioneta que bailaba al son acompasado y pasional que marcaba el príncipe, y eso hecho la abstraía de la realidad para centrarse en el calor que se producía al contacto de sus pieles. Su cuerpo tembló mientras observaba como apartaba aquella mano que poco a poco se dirigía hacia una zona peligrosa. La respiración de la reina se cortó al sentir como aflojaba sus manos prisioneras para descubrir su diestra, que permanecía revestida por el guante, mostrando su otra mano, no delicada como cabría de esperar de un príncipe, sino áspera y callosa, asiduas al trabajo duro.

Era una sensación extraña y familiar: Como si fuese a mostrar sus verdaderas intenciones al desnudar sus dedos, liberándose de la carga que sus guantes conllevaban. De algún modo lo encontraba perturbadoramente atrayente, sintiendo rechazo e intriga a partes iguales.

Pero eso debía acabar. Elsa hizo un movimiento, aprovechando su repentina libertad para escabullirse a un lado de Hans, cuando nuevamente sus brazos volvieron a aprisionarla. Esta vez las manos agarraron con firmeza su cintura, como si no le fuese ajeno el simple hecho de tratar de someterla, haciendo caso omiso a las protestas que nada podían hacer a causa de su guardia baja. La muchacha sintió como la empujaba sin miramientos, depositandola sobre el tablero y con ello, dejando caer las piezas de marfil y ónice al suelo de la celda, desperdigadas como bajas en una lucha sin cuartel. El rey negro y la reina blanca se tambalearon con violencia, dejando que el primero se abalanzase contra la segunda y ambos rodasen a través de las casillas, sin que Elsa pudiese evitar que ambos cayesen al suelo luchando ... o abrazados. La partida que había estado a punto de ganar era un golpe en su orgullo, tanto que cuando sintió su mano abierta bajo la barbilla quiso rehuirla, sin embargo sus ojos turquesa terminaron por encontrarse con sus orbes de un verde ponzoñoso, igual de adictivos que los labios que devoraban los suyos con la fiereza de un amante experto.

Sus caderas invadieron el espacio entre sus muslos de tal forma que el rubor se hizo latente, una cercanía impudorosa que se regía por un deseo tan carnal que la volvía confusa. No quería llegar tan lejos. Se estaba equivocando.

Inclinó la cabeza, apartándose de su boca y quedando frente a frente, con el flequillo rubio mezclándose con el suyo pelirrojo, creando una cortina a través de la cual lanzaba miradas furtivas hacía el. Sin poder reprimirse, alargó las manos hacia sus mejillas, acariciando el espeso pelo que cubría sus carillos mientras lo atraía hacia si de nuevo, cerrando los parpados y entregándose a su beso apasionado. Su mano derecha acercó mas su cuello con ímpetu, acercandolo hacia ella para seguir.

Mientras trataba de apartar de si la cintura del príncipe, consciente de las prendas tan indecorosas que cubrían a duras penas sus decencias y la escasa distancia entre ella y el príncipe, apretó las piernas, atrayendolo hacia si de forma involuntaria hasta que casi llegaron a rozarse. A veces olvidaba que era una mujer y no un témpano de hielo.

Sin embargo la culpabilidad, empezaba a hacer mella, anidandose y retorciendose de forma imposible. Elsa abrió los ojos y vio como la piel alli donde sus dedos tocaban, se volvía azulada.

El pánico cundió de nuevo. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? Se zafó con escasa delicadeza, empujando a Hans para apartarlo de ella, con el pecho vibrante en un jadeo apresurado. Lo estaba haciendo ... Terminaría congelandolo si seguía con eso. De nuevo. Aún no comprendía como se había podido dejar seducir, sin embargo si era consciente del peligro que entrañaban sus acciones y de que en dicho punto de inflexión, había que erigir un muro por la seguridad de ambos.

-Déjame-Gimoteó, empujando con las palmas abiertas contra su pecho para evitar que volviese a acercarse. No quería más contacto del obligatorio, pues sentir que seguía tocándolo le producía pavor-¡Aléjate!-Gritó, esta vez con más fuerza al percatarse de su resistencia.

La reina orgullosa regresaba a duras penas. Si no la obedecía tendría que enseñarle a que lo hiciera, consciente de la falta de respeto que el pelirrojo profesaba a su voluntad. Parecía olvidar que era una prisionera, pero también la antigua e inexperta monarca de Arendelle, ahora recluida en las entrañas de las mazmorras como una criminal cualquiera. Ese reino que la odiaba.

El corazón de Elsa se congelaba. Sus ojos seguían cegados por el miedo.

Un reflejo azulado apareció bajo las yemas de su mano derecha, con las complejas formas de un fractal de hielo allí donde el frío corazón del príncipe aguardaba en su pecho. Una amenaza que ni ella podía controlar, volviéndose más frágil e inestable con cada segundo que pasaba.

-No te acerques-Dijo con un hilo de voz, que se tambaleaba por la tristeza-O yo... Congelare tu corazón. Te lo advierto...

Off:
Ppara que te hagas una idea...




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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Jue Sep 11, 2014 1:59 pm

Las defensas de la reina caían a cada segundo que sus labios se rozaban, su comportamiento hasta instantes anteriores había sido frío y distante, volviéndose cálido y tierno con cada caricia que le daba. Aunque ya hubiera cedido ante él, guardaba cierto reparo hacia su persona, el cual, acababa de volver a salir a la luz. Su suplica era clara, su petición muy concreta, sus fríos dedos empujaban con miedo el torso del príncipe en un intento por hacerle retroceder. ¿Congelar su corazón? Ya lo había hecho. ¿A qué venía tanto cuento? Aunque su final ya se encontrada dictaminado, no caería sin luchar en aquella ultima batalla, ya perdiera su fuerza en lo profundo de aquella mazmorra como en el lecho emplumado de su nueva habitación.

- ¿Más de lo que ya está?

No... aquel lugar no merecía ser testigo de su final. Una oscura y húmeda prisión, donde presos antes que él perecieran de frío y hambre a causa de sus terribles crímenes. Él era un Almirante de la marina, un alto cargo del ejercito de su nación. Su conquista personal merecería una estatua en su nombre, a lomos de un semental oscuro rampante, alzando con orgullo su espada al horizonte. Era un hombre hecho para caer en batalla con orgullo, no en un lugar donde su propio nombre hacía renombrar la desgracia y el deshonor. Entrometió su mano entra la de Elsa y su pecho, abrazando sus dedos con los suyos mientras acercaba de nuevo el rostro, rozándole los labios en un amago de beso. Ya no le gustaba aquél lugar, y sabía bien como solucionarlo. Alejándose un paso de la reina se situó a su lado, como si ya hubiera acabado y se dispusiera a marcharse dejando a la reina en su desdicha. Pero no ocurrió de tal manera, pues arrodillándose a su lado tomó las piernas de la dama y acomodó su espalda contra su brazo, fuerte y preparado para cargar con el peso que la corona otorgaba. Levantándose con cuidado, procurando no hacer daño al delicado trofeo que sobre sus brazos descansaba.

- Este lugar dista de toda comodidad, permitirme buscar solución. -

Murmuró mientras se volvía a la puerta abierta, como si el peso de la reina no supusiera el mínimo problema. Sus pasos seguros y su porte erguido desaparecieron tras el oscuro umbral de aquella puerta blindada, abandonando un lugar al que nunca mas esperaba regresar. Justo en una esquina apartada, entre la ventana y la dura cama, la reina y el rey descansaban uno junto al otro ajenos al desierto campo de batalla en el que momentos antes se encontraban.

Por suerte para el príncipe, la guardia se encontraba en aquellos instantes atendiendo las necesidades de la plebe y la escasa nobleza que en una de las salas se hospedaban. Antiguos soldados ahora realizaban tareas de criados, pues se requería de todas sus manos para sobrevivir a aquel frío invierno que durante tanto les había amortajado. Abandonó los calabozos entrando en un pasillo mas caldeado, las chimeneas no se habían apagado desde el inicio de la crisis y aunque la helada se había parapetado en el interior del castillo, sus fuerzas no eran tan devastadoras como al otro lado de los gruesos muros. Tomó el primer pasillo a la derecha y siguió andando hasta alcanzar una escalera que ascendía a la segunda planta. Estaba guardada por sendas armaduras gemelas, pero el príncipe ni se dignó a dirigirles una mirada mientras ascendía concentrado aquellas escaleras. Ya en la segunda planta, recorrió un pasillo hasta alcanzar una puerta situada al fondo de este. Se trataba de su propio dormitorio, las antiguas dependencias de la reina. Con ayuda del codo consiguió abrir el picaporte a modo de manilla, abriendo el gran portón que separaba el pasillo destemplado de un cálido dormitorio. Se adentró en su interior y cerró dicha puerta con un toque de talón, observó la estancia sin mucho interés y fijó su mirada en la cama que allí se encontraba. Sus pasos decididos cruzaron el cuarto y se detuvieron al borde de esta, arrodillándose con cuidado para depositar su preciada carga en el lecho acomodado volcando parte de su torso sobre ella quedándose a un escaso palmo de su cuerpo. Sus dedos acariciaron la espalda de la reina mientras ascendían por esta hasta la nuca, sirviendo de soporte para terminar de depositar a Elsa sobre la almohada. Ya libres de todo peso, su diestra le sirvió de apoyo al príncipe para poder volcarse un poco mas sobre ella, mientras su siniestra acariciaba su delicado rostro enterrándose entre sus finos cabellos a cada caricia que daban.

- Ya... - Susurró volviendo a tomar sus labios con los suyos, en un húmedo y delicado beso que jamás habría realizado.


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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Lun Sep 15, 2014 3:33 pm

"El futuro es sombrío, el reino se astilla
La tierra será maldecida con el invierno sin fin
Con ráfagas de frío de oscuras artes,
Y un gobernante con el corazón congelado
"

La profecía se hacía eco en su mente, un susurro lejano que envolvía su cabeza sin dejar de mirar los ojos verdes de Hans. El ya estaba congelado, sin embargo Elsa había logrado frenar el avance imparable de su propia maldición, pero no el efecto. Su cabello aun mostraba un veteado blanco en contraste con el pelirrojo, que revelaba que el hielo no se extendía por su cuerpo, pero tampoco retrocedía.

Sin embargo permanecía ahí, frente a ella, indolente y frío ante su poder. Tal vez su corazón ya era de hielo. Tal vez de él hablaban las canciones infantiles, y no de su esquiva reina.

El calor ausente de sus dedos se impregnó en su piel cuando, de forma repentina y en contra de sus anhelos, sus amenazas fueron ignoradas. Hans deslizó la mano por su propio pecho, abrazando su mano derecha con la suya, libres de estar ocultas bajo la tela que escondía sus respectivas naturalezas. Como si pudiesen conocerse por primera vez, muy a pesar de que esas manos no estaban destinadas a sostenerse, pero sin embargo encajaban a la perfección la una con la otra, en contraste de la delicada y pálida piel de Elsa y la rugosa y enorme mano de Hans. La chica se preguntó, con el pecho encogido por emociones extrañas, por que no tenía miedo de ella, ¿Por qué la tocaba sin temor a represalias? Porque ella si lo temía, pero no la la forma en que pensaba.

Elsa miró a Hans y se vio reflejada en él. El príncipe ya había visto lo que sus manos eran capaces de hacer, lo había amenazado, declarándose si abierta enemiga, y aun así la acuno como si fuese una joven inofensiva. Sus labios rozaron los suyos con una caricia casi afectiva, una tentación inocente y dulce como la miel. Estaba aturdida, pero más aún cuando la realidad la golpeó. Él se apartó y Elsa temió que todo acabase así, con una despedida que emulase una mofa por su parte. No podía evitar sentirse vacía, humillada al saber que había caído en la telaraña de un príncipe sin escrúpulos que nada podía sentir. Tal vez ni siquiera su cuerpo le interesaba, solo la corona del reino.

Pero su corazón dio un vuelco al sentir como sus brazos se deslizaban bajo sus piernas, elevándola con delicadeza hasta acomodarla en su pecho, como si pudiese romperse en cualquier momento, hecha del mismo cristal de hielo que revestía las paredes. Por un momento, la joven volvió a aspirar el aroma que manaba de su cuerpo, sintiéndose liviana como una pluma pero igualmente frágil. Lo que acontecía a su alrededor había dejado de tener sentido hacía un buen rato, y Elsa había tomado la determinación de creer que estaba viviendo alguna especie de sueño extraño, dejando que sus párpados, pesados a causa del cansancio extenuante, se cerrasen. Le dolían, así como las muñecas, las cuales presentaban visibles heridas allí donde los grilletes la habían mantenido atada al suelo de la celda. Luchaba contra la inconsciencia, sin molestarse siquiera en preguntarse a donde la llevaba, limitándose a aferrar con temblor sus manos contra la chaqueta interior de pana de Hans para no caer al suelo, algo que creía imposible por la forma en la que el la sostenía.

Se sentía segura en sus brazos... Pero no a salvo de él. Una reina sin corona y un príncipe sin reino.

Elsa perdió la noción del tiempo, mientras el caminar constante de su carcelero se volvió como un arrullo, arrastrándola a un estado de semincosnciencia, sólo roto cuando las bisagras de una puerta al chirriar, a causa de las esquirlas impregnadas, dieron paso a una estancia de la cual manaba una cálida temperatura gracias a la lumbre que ardía y danzaba en el interior de la chimenea, acariciando la madera con sus lenguas de fuego. Abrió vagamente los ojos para distinguir a la luz anaranjada, en contraste con la oscuridad que irrumpía por la ventana. Parpadeó varias veces, adecuando sus ojos a la luz cálida, descubriendo la silueta de una enorme cama, de madera de ébano con elaborados y simétricos rosemalings, cuyas tonalidades oscilaban entre el violeta y el azul. A ambos lados, caían sendos doseles de color vino, en contraste con las sábanas blancas, repletas de bordados en nácar. La chimenea estaba a la derecha, junto a la ventana triangular que no permitía observar más allá de la nieve, custodiada a su vez por dos sillas de tapizado purpúreo. Un escritorio a la izquierda, lucía repleto de pergaminos variados, pulcramente ordenados junto al tintero, sobre el cual una elegante pluma descansaba, bañando en tinta su punta. El armario permanecía contiguo a este, de la misma madera que la cama adoselada, con el mismo patrón de dibujos surcando sus puertas. Demasiado sobrio, sin embargo no exento de elegancia y distinción. Al otro lado, un biombo de tres hojas, un pequeño tocador y un diván. Y sobre el suelo, una inmensa alfombra que se extendía de una punta a otra.

Su dormitorio, o al menos lo había sido antes de decidir vivir en el exilio. Elsa sintió el agradable tacto de la colcha cuando Hans la depositó con delicadeza sobre la cama, y casi de forma inconsciente se acurrucó contra la almohada, haciéndose un ovillo sobre si misma. Su cabello se derramaba sobre la almohada como una cascada de plata, cerrando los ojos con anhelo. Echaba en falta algo, pero no sabia que.

El movimiento en la cama, a su lado, la distrajo. Tenía miedo de girarse y encontrarle, pues sabía de sobra que las caricias que recorrían su espalda eran obra suya, quien parecía no haberse dado por vencido en aquella lucha. Pero ella estaba muy cansada. Con deliberada lentitud, se removió en el sitio, dándose la vuelta para encarar con valentía al príncipe, una osadía que desapareció tan pronto como su rostro volvió a encontrarse con el de él. Sus labios de nuevo buscaban los suyos, robándole de nuevo besos que tomaba con demasiada facilidad, sin que ella opusiese resistencia. Lentamente, se separó de él, con la culpabilidad aflorando en sus ojos azules, mientras volvía a girarse para no mirarle de nuevo.

¿Qué punto mas bajo podían alcanzar?

Elsa no quería averiguarlo. Se acurrucó a un lado, dándole la espalda de nuevo, mientras abrazaba la almohada y cerraba los ojos, sintiendo que el sueño la reclamaba.



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Jue Sep 25, 2014 12:50 pm

Los ojos lascivos del príncipe se deleitaron con la figura indefensa de la presa a la que había conseguido dar caza. Su sonrisa se torció orgullosa, mientras imaginaba el cuerpo que aquellos sucios harapos ocultaban. Era una autentica mujer de alta cuna, su piel pálida y su semblante refinado ahora permanecían a su completa merced. Intentaba esconderse dándole la espalda acurrucándose en la cama, como si ese simple gesto fuera mas que suficiente para evitar lo que tendría que ocurrir. Se fijó entonces en las pecas que cruzaban su rostro, recordando por escasos instantes a la joven princesa que le había encomendado el cuidado del reino hacía apenas un mes. ¿Seguiría con vida? Esperaba, deseaba y quería que así no fuera, había desembolsado una alta cantidad de monedas de oro con tal de eliminarla del mapa. Aunque viendo a su distante hermana tendida ante sí, no pudo evitar recordar sus palabras. Su rostro se contrajo por escasos segundos en una mueca neutral, observando a la reina sin llegar a verla. Quizás sintiera algo de tristeza por Anna, se había sentido rechazada y excluida por su hermana incluso tras la muerte de sus padres. Años y años de soledad, en el seno de una familia que cuyo futuro había estado marcado por la desgracia.

Se desabrochó los botones de la camisa volviéndose en dirección a la puerta, el calor dentro de la habitación empezaba a sofocarlo. Quizás no fuera pena lo que sentía, si no mas bien... ¿Compasión? ¿Empatía? Desde el momento de su nacimiento había recibido la marca del desprecio, su madre falleció poco después de su nacimiento a causa del parto, hecho que enfureció a sus hermanos y le hicieron volverse en su contra acusándolo de ello. Nunca es que se hubiera sentido demasiado apreciado por su familia, y no por que no hubiera puesto todo su empeño en solucionarlo. Colocó la chaqueta sobre el respaldo de una silla cercana, escuchando en el momento el tintiéno en el suelo de un objeto metálico. Al volver su mirada al suelo, se encontró con el frío brillo de una llave acerada, la llave del dormitorio en el que se encontraban. Volvió su mirada hacia atrás, observando la figura inmóvil de Elsa quién aparentaba encontrarse completamente ajena a su presencia. La comisura de su labio se torció hacia arriba, mientras se agachaba con elegancia tomando la llave entre sus dedos. No podía dejar escapar a su presa, por nada del mundo. Se acercó a la puerta y la cerró con la llave, la cual guardó a buen recaudo en un bolsillo de su pantalón. En el camino de vuelta a la cama, se deshizo de la camisa de pana que llevaba y se desabrochó el grueso calzado. La alfombra era cálida y suave al tacto de sus desnudos pies.  

Se acomodó en la cama, manteniendo las distancias con la reina mientras observaba su figura recortada contra el oscuro fondo. Aunque atractiva era la tentación de tomar su cuerpo de nuevo entre sus brazos, el cansancio empezaba a hacer mella en su agotado cuerpo. Desde que el momento de su cautiverio, empezó a comprender mejor a la reina gracias a las explicaciones de su mayordomo. Conocía ya su pasado, y los motivos que la habían llevado hasta ese frío futuro, en el cual había dejado de ser reina empujada por el miedo a su propio poder. Un poder, que él empezaba a comprender y a desear para sí.

Su mente divagó por esos senderos, mientras el cansancio cerraba sus ojos, adormeciendo y atontando su mente espesa. Acomodó su rostro sobre la suave cama, a falta de la almohada que la reina había tomado como suya, y se dejó llevar por el sueño.


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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Dom Oct 12, 2014 2:19 pm

Los movimientos de Hans no pasaban desapercibidos para ella, quien se debatía entre la vigilia y el sueño, alerta ante cualquier invasión de su intimidad por parte del príncipe. Sentía el movimiento en la cama en el preciso instante en el que el se tendió sobre la misma, y abrazó aún más la almohada conteniendo un escalofrío, en mitad de una batalla dentro de su fuero interno, que temía el desencadenante de volver a sentir aquellas manos sobre la escasa tela que recubría su cuerpo. Sin embargo la debilidad llevaba a su cuerpo hasta el extremo de su aguante, y poco a poco su conciencia empezó a desvanecerse hasta sumirla en un sueño intranquilo.

Sueño:



Un par de hombres se aventuraban en la montaña en mitad de una poderosa ventisca. Sus caballos relinchaban furiosos, cansados de avanzar en un terreno tan irregular, sin embargo los jinetes sostenían con fuerza las riendas, obligándolos a continuar a ciegas por un camino incierto. El viento los envolvía y chillaba furioso, advirtiéndoles que no avanzasen más, dando peso a las protestas de las monturas, sin embargo ellos tenían una misión y no iban a echarse atrás por nada del mundo.

-¿Ves algo?-Preguntó uno de ellos. Ambos portaban el uniforme verde con la flor dorada, sin embargo el frío polar hacía empalidecer su tez y sus labios hasta darles un aspecto enfermizo. Su compañero negó con la cabeza, y este suspiró hondo. Un pequeño copo de nieve empezó a deslizarse hacia abajo, ajeno a la tormenta. Sus esquinas se mostraban perfectas y puntiagudas, revelando belleza pero a la vez peligro. Alzó la mano para tocarla, cuando una fuerte ráfaga lo golpeó en el estómago, empujándolo hacia un lado.

-¡Cuidado!-Gritó el otro soldado, temiendo que hubiese caído del caballo, cuando el mismo fenómeno lo alzó por los aires con inclemencia. El frío rodeaba su cuerpo y lo zarandeaba con violencia, apretando contra su cuerpo unos dedos helados invisibles, hechos de viento y hielo... Chilló a causa de la impresión, tratando de desenvainar su espada, sin embargo sus brazos inmovilizados solo provocaron que dejase caer el acero, el cual se clavó en la nieve, a los pies de una figura.

-Buenas tardes, caballeros-Dijo con sorna una voz empalagosa.

Una capa de escarcha semi-transparente recubría una falda larda, de color azul pálido, ascendiendo por la cual se mostraba un generoso escote, sobre el cual reposaba un bello colgante con la forma de una estrella de hielo. Sus labios finos se curvaban en una sonrisa sardónica, mientras que sus ojos miraban divertidos a sus presas. El cabello era negro como el azabache, corto y puntiagudo, y sobre su flequillo reposaba una tiara hecha de hielo. Sus brazos, recubiertos por la misma tela traslúcida, culminaban en sus manos, en cuyas palmas abiertas resplandecía la magia helada de la reina de las nieves.

-¿Qué hacéis en mi montaña?

-Hemos sido enviados...para buscar a la princesa-Dijo ahogadamente uno de ellos.

-¿Enserio? ¿Y quien os envía?-Preguntó alegremente, sonriendo como si fuese un duendecillo.

-El almirante...-Se apresuró a contestar el otro.

-¡Oh! Por supuesto, que tonta soy-Rió, pestañeando risueña al recibir semejante información-¿Y...?-Entrecerró los ojos-¿...Por qué no viene el mismo? ¿No la quiere tanto como para personarse aquí y reclamar lo que es suyo?-Finalizó con cierto deje hiriente y despreciativo, pronunciando aquellas palabras como si fuesen veneno-¿Está preparando un ejercito?

Contra ella. No sería de extrañar. Había congelado el reino entero y para colmo había raptado a la princesa... Pero la reina de las nieves no hacía nada porque sí. Desde su más tierna infancia aquella miserable mocosa le había quitado todo lo que quería. TODO. Primero, el amor de sus padres, por ser la normal mientras ella no era más que un monstruo. El respeto del pueblo, por ser más entregada. Y ahora, el amor del hombre que ella anhelaba. Sus pensamientos volvieron más violenta su magia, alterando su ánimo voluble.

Ninguno de sus prisioneros respondió a su pregunta, hecho que la enfureció notablemente. Sus dedos se crisparon, apretándose entorno al destello azulado que manaba de estos, enviando una orden directa ante la cual su magia obedeció al instante, envolviendo el cuerpo de los soldados con su abrazo asfixiante. Un grito de dolor le indicó que su amenaza había resultado un estímulo suficiente como para que aprendiesen a quien debían obedecer.

-¡Si!-Gritó el que parecía ser el superior-¡Si, su majestad!-Ella asintió complacida, mostrando una expresión en la que se podía leer la excitación que confirmaba sus sospechas. El vendría, y ella conseguiría todo lo que quería, empezando por librarse de la princesa.

-Que coincidencia-Dijo alegremente, como si sus poderes no estuviesen sometiendo la voluntad de aquel par de miserables guardias, y simplemente mantuviese una charla animada con ellos. La nieve y el hielo crujió tras ella, mientras la ventisca se volvía más violenta. Inmensas siluetas se recortaron contra el blanco de la montaña, cuyos cuerpos recubiertos de carámbanos demostraban su potencial agresivo. El rugido de los monstruos de hielo hizo que la reina se sintiese más poderosa aún, quien alzó la voz para decir-Nunca subestimes el poder del hielo y la nieve.

Se levantó de forma brusca, sin embargo no gritó. El sudor perlaba su frente, y a la derecha había un pequeño muro de estacas que se derretía poco a poco con el calor del fuego que ardía en la chimenea, dejando charcos de agua sobre la tarima. Su pecho no dejaba de agitarse, por mucho que llevase una mano hasta el para tratar de calmarse.

Aún era de noche, pero a través de una rendija de nubes se colaba la luz prístina de la luna, que reflejada sobre el manto nevado que recubría el reino, parecía que fuese más intensa aún. Elsa se removió sobre el camastro. Por un delicioso momento, estaba segura de que todo había sido una pesadilla, fruto del estrés emocional al que se veía sometida a diario. Sin embargo el hielo lo desmentía. Ladeó la cabeza, topándose con el torso desnudo del príncipe sureño, en cuya piel se reflejaba la luz de la luna. Elsa notó como se ruborizaba por mil razones a la vez, y a la vez por ninguna, consciente de que esa era la primera vez que se hallaba en una situación semejante. Había un hombre semi-desnudo en su dormitorio, y sin embargo no se hallaba en disposición de protestar o negociar. ¿Por qué se había quitado la camisa? Su cabello aún presentaba el particular veteado que le proporcionaba su maldición, sin embargo la sala se hallaba bastante más caldeada a pesar del frío que reinaba fuera. Su pecho se expendía y retraía de forma serena, con la certeza de estar sumido aún en un sueño profundo... Agarrando la manta, tiró de ella para cubrirse, como si alguna de sus partes mas íntimas hubiese quedado al descubierto para ese miserable, sin embargo se percató de que aún llevaba por prenda la vasta tela de arpillera. ¿Qué debía hacer? Evitó mirarle, como si el simple hecho de hacerlo fuese peligroso, sin embargo la tentación la empujaba a lanzar miradas furtivas.

Agarró sus propias muñecas, lastimadas por las cadenas de hierro, mientras empezaba a sentirse de nuevo abrumada por una situación que le venía grande. El enemigo, aquel con quien compartía lecho, o tal vez su salvador, el mismo que había soltado sus grilletes.

-"Pero el mismo me las puso"-Por seguridad. Porque era un monstruo. Elsa empujó la sábana a un lado y se separó de la cama, buscando la ventana como si la cercanía con Hans fuese harto peligrosa. No, no quería hacerle daño, simplemente huir de él.

Elsa miró sus harapos y después se concentró en el resto de la habitación. La luz anaranjada contrataba con la oscuridad, creando una penumbra cálida que contrastaba con el mobiliario recio y elegante de su niñez. Todos sus recuerdos estaban ahí, a pesar de que creyó que no volvería a sus aposentos, sin embargo había algo diferente allí. Las cosas del príncipe se hallaban desperdigadas: su ropa sobre el diván, su espada contra la mesilla, sus documentos en el escritorio. Se acercó hasta el ropero, posando sus manos sobre los pomos para abrirlo, mientras dejaba tras de sí un reguero de escarcha. Olía a lavanda, y estaba pulcramente ordenado, como si fuese la única parte de la habitación que Hans no se había atrevido a violar.

Suspiró hondo y rebuscó entre las prendas, tomando una de las perchas que contenía un atuendo de color azul. A pesar de saber que estaba dormido, no tenía confianza ninguna en el príncipe, por lo que se escondió tras el biombo, con flores de Arendelle dibujadas sobre la madera de ébano, y de deshizo del desagradable tacto de su ropa de prisionera. Por suerte para ella, hacía mucho tiempo que había aprendido a vestirse sola sin necesidad de depender de ninguna sirvienta que la asistiese. Se colocó las enaguas, la camisa, la falda y los zapatos. Después se ajustó el corpiño negro, abotonándolo a la altura de sus pecho, deslizó sus brazos por la chaqueta azul y por ultimo colocó el broche dorado y azul en el cuello de su camisa. Sus manos empezaron a desenredar su cabello, trenzándolo de nuevo y envolviendo tras su nuca un recogido provisional mientras llegaba a la parte más difícil. Unos guantes de seda blancos. Elsa los miró como si fuesen los mismos grilletes que hacía unas horas la habían encadenado al suelo, y sintió el odio visceral ascender por su garganta. Odiaba intensamente ese objeto de represión, sin embargo deseaba abandonar el palacio lo antes posible, sin llamar la atención. Tragándose su orgullo y haciendo de tripas corazón, deslizó sus manos temblorosas hacia el interior de los guantes, hasta que su piel quedó completamente cubierta, sin un ápice que pudiese mostrar desnudez.

Vestido:

Con cuidado, se asomó desde detrás del biombo, asegurándose de que el príncipe seguía aún sumido en la inconsciencia, y empezó a caminar con cuidado a través de la habitación, procurando no tropezar con nada. Sus manos enguantadas alcanzaron el pomo dorado que separaba su habitación del pasillo, y esta vez Hans no iba a impedirle escapar... O si. La puerta no se abría, estaba cerrada con llave.



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Dom Oct 19, 2014 3:48 pm

Los ojos del príncipe se encontraban perdidos en una oscuridad imperante bajo sus parpados. El movimiento de la reina le había despertado, haciéndole entre abrir sus ojos ante la fuga de su cuerpo. Aunque podría haberse levantado en ese instante, prefirió mantener se en un fingido sueño. Fue cuando escuchó el roce de las telas entre sí, cuando abrió los ojos de par en par y volvió su mirada encontrándose con la figura de Elsa recortada contra el biombo.  Sus pálidos brazos se alzaban por encima de este, mientras se desprendía de los sucios ropajes con los que había dormitado en los calabozos.  Hans se acomodó, apoyando su cabeza sobre la siniestra para tener una mejor vista de la escena. Resultaba excitante imaginarse lo que tras aquellos paneles ocurría,  mientras presenciaba la sombra desnuda de la dama invernal. Prosiguió con sus ensoñaciones hasta que observó que esta se disponía a abandonar su escondrijo.  Rápido y veloz dejó caer la cabeza sobre la almohada y permaneció en inmutable silencio,  atento al devenir de los pasos por la habitación.  Sentía una confianza y un control sobre lo que allí ocurría, que muy pocos llegarían a entender. ¿Y si estaba preparando alguna maldad hacia su persona? ¿Y si decidía terminar de congelarlo en ese mismo instante? No... Si en algo confiaba el futuro rey, era el hecho de conocer a las mujeres. Si hubiera querido, ya le habría matado varias veces a lo largo de la noche, pero ahí seguía con vida y con sus ideas bien definidas. Y si rememoraba lo ocurrido momentos antes de quedar dormido, podía sentirse seguro de que había despertado un oscuro interés en ella, algo que posiblemente aun estuviera asimilando.

Los pasos se dirigían a la salida, momento en que Hans recupero la anterior postura para observarla de nuevo, esta vez acomodado en su diestra. No pudo evitar mostrar una sonrisa burlona en el momento en que la mujer tomó el pomo entre sus dedos e intentó abandonar la habitación.  

- Lamento informaros de que está cerrada y que la llave esta a buen recaudo- Murmuró con un tono burlón.

-¿Crees que necesito tu llave para abrirla?-Como era de esperar, la reina no tardo en mostrar su disconformidad.

- En absoluto. - Sonrió mientras se erguía sobre la cama para colocar su mirada mas a su altura. -No soy tan estupido como para subestimaros, se perfectamente que podríais echar la puerta a bajo y escapar. Pero... El pasillo se encuentra repleto de guardias, que dudo seriamente que esta vez vayan a dejaros con vida, no después de lo sucedido en la Montaña. En estos momentos, el lugar mas seguro en el que podríais quedaros es este mismo, bajo mi custodia. - Una sonrisa lasciva recorrió su rostro por escasos segundos. - No quisiera que os hicieran daño.

Off: He manejado a Elsa bajo su consentimiento


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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Mar Nov 11, 2014 8:54 am

Apretó los dedos en torno al pomo, tratando de forzarlo con las manos, sin embargo el mecanismo interior ofrecía resistencia ante sus envites. Elsa lo miró frustrada, concentrándose sin éxito alguno. Estaba cerrada con llave.

La voz del príncipe la hizo sobresaltarse de pronto, como si no lo esperase, sacándola de su ensimismamiento y girándose repentinamente. El calor tiñó de rojo carmesí sus mejillas al toparse con él, habiendo olvidado por un momento su semidesnudez, la cual le resultó turbadora, sintiendo como vagamente la base de sus guantes donde estos se unían con las mangas de la chaqueta, empezaban a recubrirse por una fina capa de escarcha. El hombre permanecía recostado relajadamente sobre la cama, apoyando el codo sobre la almohada, con una indolencia y descaro que le resultaron abrumadores; mientras tanto, la luz azulada de la ventana perfilaba su torso, empapando sus músculos y acariciando su afilada barbilla con la sutileza de una amante, invitándola a perderse en sus curvas. Sus ojos verdes refulgían de un modo que ella no supo interpretar...O más bien no quiso.

¿Qué pretendía? Ella lo ignoró deliberadamente, así como fingió no darse cuenta del cosquilleo que la empujaba a mirarle, obligándose a permanecer imperturbable y desafiante.

-¿Crees que necesito tu llave para abrirla?-Espetó con frialdad. Podría... Podría quitarse el guante y congelar el metal hasta romperlo, sería un gesto sencillo y eficaz, sin necesidad de recurrir a las sutilezas a las que estaba acostumbrada para poder alcanzar al fin su libertad. Sin embargo ahí estaba Hans para destruir sus esperanzas, haciéndole ver que no era más que un pájaro enjaulado.

- En absoluto.-Elsa contuvo el aliento cuando este se incorporó de la cama, caminando hasta ella para mirarla desde su envergadura. Era alto y bien formado, en su espalda pecosa se intuía el trabajo duro sobre la cubierta de un barco, así como la fuerza de sus brazos. La joven pestañeó, apartando esas ideas perturbadoras de su mente, permaneciendo fingidamente impasible y sin interés ante su nueva provocación. Presumido...-No soy tan estupido como para subestimaros, se perfectamente que podríais echar la puerta a bajo y escapar. Pero... El pasillo se encuentra repleto de guardias, que dudo seriamente que esta vez vayan a dejaros con vida, no después de lo sucedido en la Montaña. En estos momentos, el lugar mas seguro en el que podríais quedaros es este mismo, bajo mi custodia. No quisiera que os hicieran daño. -Y además, cínico.

Se removió incómoda, si no fuera porque sabía que era imposible, creería que Hans podía leer su mente. Pero no, simplemente la leía con facilidad, como un libro abierto ¿Le creía? Desde luego que no, pero el dolor de cabeza le recordó las difusas imágenes del palacio teñidas de rojo, y tembló de miedo. Tenía razón...En parte. Clavó en el sus ojos azules con desafío.

Por algún motivo, sentía deseos de abofetearlo, simplemente para quitarle aquella expresión de autosuficiencia del rostro, sin embargo se quedó quieta, recuperando esa altivez regia que le permitía su predisposición genética.

-Si quieres mentirme tendrás que cambiar el registro-Espetó. Agarró su falda y lo rodeó con deferencia, resignada a su cautiverio temporal, sentándose de mala gana sobre el diván-¿Por qué debo creer que quieras protegerme?-Preguntó sin mirarle, concentrándose en el paisaje tras la ventana. Hacia calor en la sala, a pesar de que en la chimenea sólo quedaban rescoldos, tanto que se contuvo para no quitarse la chaqueta, abrazándose a si misma con indignación.



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Sáb Nov 22, 2014 3:05 pm

El principe soltó una carcajada seca, mientras se acercaba a paso pausado hacia ella. - Podré ser muchas cosas, pero no un mentiroso. - Le respondió mientras sus pies descalzos rozaban el frio suelo , algo que se acentuaba cuanto mas se acercaba. - Soy un hombre de honor, no tengo necesidad de mentiros, ni a vos ni a nadie... mi reina. - Su cuerpo se encontraba a escaso metro del de ella, el frío que emanaba su cuerpo empezaba a tener un efecto extraño en el suyo propio. ¿Por qué se sentía tan a gusto? ¿Sería por la maldición? No, debía ser el sofoco de la chimenea que hacía que su cuerpo buscara el alivio de la frescura. Un frescor que se le antojaba prohibido, pues ya sus pies rozaban los de la dama de hielo. Su diestra había tomado la siniestra de ella, mientras con la mano que le quedaba libre acariciaba la tersa piel de su mejilla hasta hundirse en la raíz de los rubios cabellos de su nuca.

- Los motivos que he tenido... - "Y tengo" Pensó para si mismo. - Para manteneros con vida, son evidentes. - La mano que aferraba con su diestra la alzó hasta forzar su palma contra la robusta superficie de su pecho al descubierto. Dentro latía su propio corazón, tranquilo, palpitando con una fuerza que horas antes casi se había desvanecido. - Sostenemos nuestras vidas mutuamente, si uno cae... el otro le seguirá. - Murmuró acercando su rostro al de ella, acariciando con su aliento los finos labios de la reina. - Por lo que, si me permitís alteza... - Dijo en un murmullo. - Ya no merece la pena contenerse más.

Acercó sus labios a los de ella, mordiéndolos prendiendo la pasión de la noche anterior, cuyas brasas habían permanecido latentes esperando prender de un momento a otro. Bajó la mano recorriendo su espalda hasta llegar a la cintura, tirando de esta para pegarla contra la suya. Los dos cuerpos luchaban contra las finas fuerzas que los separaban, molestos por la presencia del aire y tejidos que les impedían fundirse en un único ser.  Había que hacer algo para eliminar todo lo que se interponía entre ambos. Sus manos se deslizaron por el cuerpo de ella, tirando de cada pliegue, desabotonando cada botón, desabrochando cada broche... Su chaqueta se deslizaba por los delicados brazos de ella, siendo arrastrada por las entrenadas manos del almirante. El corsé no supuso un reto demasiado complicado de superar, en apenas unos minutos ya se encontraba arrojado sobre una silla cercana mientras las manos del príncipe se deslizaban con delicadeza bajo su oscura camisa. Aquellas manos entrenadas y dedicadas en exclusiva a la lucha con espada y las labores en alta mar, se transformaban cuando entraban en contacto con cuerpos tan delicados como el que ahora manipulaban.


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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Vie Dic 05, 2014 5:31 am

-Tu concepto de la mentira difiere del mío-Se envalentonó-Manipulas la verdad a tu antojo para darle la forma que mas conviene a tus intereses, ¿Qué eres pues, si no un mentiroso?-Honor, un concepto que nada decía a Elsa. En el amor y en la guerra no hay honor, y aquello era un campo de batalla. Mientras que su fuero interno sufría una poderosa lucha entre instinto y razón, la joven mantenía su aplomo y frialdad como únicas armas contra la arrogancia del príncipe sureño-¿Ahora soy tu reina?-Replicó con obstinación, intentando mantener el temple firme a pesar del temblor que sacudía sus labios. No olvidaba ese trato condescendiente y poco respetuoso de la mazmorra, cuando se había limitado a tutearla como la vulgar prisionera que se suponía que era, al menos a sus ojos. ¿Qué era lo que había cambiado en el? No, esa no era la pregunta correcta que debía formularse, ¿Qué era lo que había cambiado en ella?-"No te acerques más"-Pensó para sí, pero el no manifestó intenciones de detener su avance. Su respiración acelerada la hacía verse como una ratita gris y asustada frente a un gato imponente, de ojos verdes hambrientos por ella. Sus dedos agarraron su mano y la acunó con la suya de una forma que le resultó turbadora. Por mucho que tratase de apartarla, ya estaba prisionera de estas mientras que la tibieza de su piel le cerraba el paso. Algunos mechones empezaron a soltarse del apretado recogido, y Elsa luchó por mirar hacia otro lado. Con delicadeza, el hombre posicionó su mano sobre su pecho y ella se resistió. No quería tocarlo, ¿Por qué no lo comprendía? No quería tocar a nadie, nunca, ella no podía hacer eso. Abrió los ojos, resignada. Hans sabia jugar tanto con sus palabras como con ella, sin duda un experto frente a una aficionada. ¿Acaso se divertía? Era preocupante descubrir que ese olor que la envolvía con la cercanía la instaba a anhelar descubrir como sería experimentar ese roce con las manos desnudas, recorriendo la piel de su torso y la curva de sus hombros. Su corazón latía tranquilo, casi como una nana.

- Sostenemos nuestras vidas mutuamente, si uno cae... el otro le seguirá-Como un contrato. Como un matrimonio...¿Era una amenaza? ¿O simplemente la realidad de su incierta alianza? La escarcha empezaba a brotar por debajo de los guantes blancos, aquellos bajo los cuales ella se sentía segura y prisionera a la vez. Alzó la vista hacia el, escapando de esa abstracción momentánea. Sí, sabía a que se refería, lo había experimentado antes en la mazmorra. La vida de Hans dependía de Elsa, y de la maldición que ahora permanecía en letargo dentro de él. La vida de Elsa estaba en las manos de Hans, el único que podía interceder por ella frente a los soldados de Arendelle. Su captor, su carcelero y tal vez, su salvador- Ya no merece la pena contenerse más-Dijo, antes de volver a atraerla hacia él con impetuosidad hacia sus labios, que mordían los suyos con la avidez de un amante apasionado.

Esta vez no volvió a resistirse, casi como si se hubiese rendido finalmente a el y decidiese obedecer sus pasos, cegada por una fuerza desconocida. El vértigo anidaba en su estómago, temerosa y a la vez curiosa por la tentación que suponía aquellas caricias que buscaban adentrarse en territorio prohibido. Pero, ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué se dejaba llevar de aquella manera tan salvaje ante una invitación tan indecente? ¿Hans acaso olvidaba lo que el mismo acababa de admitir? Nadie tocaba a la reina sin permiso, entonces, ¿El lo tenía? ¿Por que no lo estaba deteniendo? ¿Por que lo dejaba adentrarse más? No deseaba reconocer algo así, tan peligroso como confuso. La chaqueta azul se deslizó sobre las mangas de la camisa, hasta caer al suelo, seguido del corpiño que se abotonaba sobre esta... El rubor coloreaba sus mejillas ante su imparable fogosidad, invitándola a dejarse llevar por el fuego. Pero, mientras respondía con timidez a uno de aquellos besos, sintió que algo no iba bien. No la deseaba por ella misma, por su aspecto o si quiera por el título que se suponía que aun ostentaba, sino porque su embrujo lo empujaba a ello. Ahora su voluntad era propiedad de Elsa, como un simple esclavo que respondiese a los deseos de una ama caprichosa... Empezaba a ser consciente del alcance de sus poderes y le daba miedo. Aunque más temor aun le provocaba no saber lo que quería, sentirse presa de la oscuridad de sus propios instintos, como cuando invadió su montaña. Esta también era una invasión, pero su defensa no obedecía a expulsarlo, sino a no dejarse manejar por el, a mantener un control sobre el descaro a la hora de tocarla. No quería rendirse, pero el cosquilleo que ascendía como el aleteo de furiosas mariposas, a través de sus caderas, alentaban un sofoco que solo podía ser mitigado con más fuego.

-¡Para!-Ordenó, agarrando por las muñecas aquellas manos que ascendían con total descaro por debajo de su camisa, acariciando su vientre y buscando una zona altamente peligrosa. Jadeaba por su culpa, y a pesar del frío reinante, tenía calor-Te lo ordeno-Agregó con la esperanza de que, su mandato hiciese efecto sobre su propio impulso y sobre la que creía condicionada voluntad del príncipe.



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Sáb Dic 06, 2014 1:41 pm

Las palabras de la reina resonaban en su mente cual eco en lo profundo de una profunda caverna. Los dedos del príncipe se detuvieron, sus labios se separaron y su mirada se entrecerró mostrando un brillo peligroso cual depredador hambriento. Ya no había opción a detenerse, no había opción a dar media vuelta y eso era algo que tendría que hacerle entender. Pero claro. ¿Que logro sería el forzarla? No había honor en aquello, no podía permitir que su presa se soltara de la red en el momento en que mas a mano la tenía.

Pero, no eran sus palabras lo que tenía que escuchar, si no el latido de sus corazones al unisono. Tomó a la reina por los muslos, levantándola con sus fuertes brazos, volviéndose hacia la chimenea en pos de dirigirse a ella. De escasos pasos alcanzó la alfombra aterciopelada que se encontraba entre el diván y la chimenea. Se arrodilló sobre este, tumbándola con cuidado sobre esta, mientras sus dedos se apartaban acariciando su cuerpo en un intento de provocarla. Arrodillado ante ella, que allí se encontraba tumbada e indefensa, se tumbó apoyándose sobre sus brazos sobre ella apresándola pero sin llegar a rozarla. Sus rostros permanecían separados por escasos centímetros, mientras sus alientos se entremezclaban entre el frío invernal y el calor abrasador de la hoguera.

- Me detendré pues. - Le susurró al oído mientras inhalaba su aroma embriagador. Sentía un calor que le ascendía por todo el cuerpo, que le hacía recuperar la vitalidad de la noche anterior. Estaba muy excitado por aquello, tenía la necesidad de tomar aquella fruta prohibida, hacerla suya, tomar cada centímetro de su ser y hacerlo suyo. Poseerlo, pero no podía obligarla a que se lo ofreciera por la fuerza. Tenía que ser ella quien se lo ofreciera. Se levantó dejando a la joven tendida en el suelo, dirigiéndose a una mesa cercana donde descansaban un par de copas y un cántaro plateado lleno de agua fresca y se sirvió expectante de cualquier reacción que pudiera tener Elsa.



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Sáb Dic 13, 2014 9:23 am

Conteniendo el aliento, Elsa aguardó, preguntándose si respondería a sus deseos o si por el contrario obedecería sus órdenes. La realidad era que sus palabras no se correspondían con aquello que ella quería, sin embargo, ¿Hasta donde llegaba su poder sobre él? ¿Hasta que punto había esclavizado su voluntad, sometiéndola a la suya? Si verdaderamente su magia había encadenado a Hans con ella, estaba convencida de que no se detendría y seguiría dando rienda suelta a su abrasadora pasión. El tiempo pareció detenerse en el preciso instante en el que él paró, dejando que sus miradas se cruzasen con una intensidad inusitada, dejando que la tensión en el ambiente se hiciese más que palpable, con la promesa de aquella única cosa que podía suceder entre ambos. Su corazón empezó a latir desbocado en el preciso instante en el cual sus manos la agarraron con firmeza, elevándola en el aire, y definitivamente decidió que no tenía sentido seguir oponiendo resistencia cuando quedaba claro que los actos de Hans sólo eran un reflejo de sus propias intenciones. Era ella, en su más puro instinto, la que doblegaba su voluntad y lo obligaba a ser suyo. Aunque trataba de retener esa idea en su mente, aferrándose a ella con toda la fuerza de su alma, esta se escapaba entre sus dedos al sentir como la depositaba sobre la alfombra, cegándola por completo y permitiéndole fantasear por un momento que aquella sensación abrasadora era algo real en ambos, y no fruto de su delirio. Sus labios finos se curvaban en una sonrisa socarrona en aquel rostro tan anguloso, que por algún motivo, Elsa sospechó que hubiese vuelto loca a Anna, mientras sus dedos expertos abandonaban sus brazos y su timida cintura.

Pero no pasó nada más.

- Me detendré pues.-Susurró en su oído, haciendo que su aliento acariciase su cuello al tiempo que le provocaba un escalofrío. Elsa lo miró entonces confusa.

Hans se levantó indolente, dándole la espalda y dirigiéndose hacia la mesilla, donde había una jarra de agua. Por algún motivo, su corazón se encogió, como si supiese que él había hecho eso antes... Pero no podía ser. Alzó la vista, estúpida e indefensa desde el suelo, sintiéndose ridícula. Era tonta por creer que su poder podía someter a un hombre, se sentía tan aliviada como desengañada por ello, como si su alma se hallase dividida en dos, y una de aquellas partes fuese su rencorosa esencia en las mazmorras. Elsa se removió, incorporándose para quedar sentada. Supo que el quería que diera el primer paso, pero ella no estaba segura de poder hacerlo.

Con frustración pego contra su busto sendos extremos de la chaqueta. Lo miró con amargura desde la alfombra, una tupida confección al amparo de la luz y el calor que manaba de la chimenea, la cual se le antojaba sofocante; o quizás solo fuese una impresión suya, pues solo había rescoldos que se consumían poco a poco, como su alma, bajo el calor que amenazaba con fundir sus esencias por completo. Sus ojos se recubrieron de una fina película al percatarse de que llevaba demasiado tiempo mirando el fuego. Se sentía frustrada, con una parte de ella latiendo en pos de ahogar esa sensación vibrante que sacudía su cuerpo, como un hechizo ausente.

Elsa sintió su pecho expandirse y contraerse, componiendo un gesto contrariado. Se había dejado provocar por el en ese juego de tira y afloja en el que ninguno de los dos quería dejarse ganar por el otro, una demostración de cual voluntad era mas poderosa.

Y parecía que ella iba perdiendo. Lo miró por el rabillo del ojo a medida que se servía el agua helada.Tenía la imperiosa necesidad de traerlo de nuevo hacia si, de suplicarle que prosiguiese y no se detuviese ante nada, pero ese orgullo arrollador de su carácter le impedía hacerlo, como si estuviese mal entregarse a los caprichos.

Ella apretó los muslos y se encogió aun mas frente a la chimenea. Los guantes estaban húmedos a causa del hielo que se derretía en sus manos del mismo modo que lo llevaba haciendo su muro invisible.

-Tengo sed-Informó en voz alta. No mentía, pero no se refería al agua-y no es de mi incumbencia, pero quizás deberías ponerte algo encima o... acercarte al fuego-Dijo con tono neutro e indiferente-Hace frío-Supuso, incapaz de sentir las bajas temperaturas, ¿Las sentiría el o la maldición se lo impediría?¿Sentiría el fuego como ella?. Su piel ahora reaccionaba ante el calor que manaba de su aliento. Aparto la vista y se concentró en los guantes húmedos, deseosa de quitárselos pero conteniéndose. Elsa cerró los ojos, sintiendo la furiosa hostigacion de sus propias emociones, dispares entre si, que la hacían debatirse entre la razón y el deseo.



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Jue Dic 18, 2014 5:00 pm

Hans se volvió hacia ella mostrando su sonrisa mas peligrosa. Parecía haber producido el efecto deseado, pues el tono de sus palabras ya no se mostraba tan imperante como antes. - "¿Agua queréis?" - Se preguntó mientras volvía a rellenar otro de los vasos con el cántaro. Soltó la pieza plateada sobre la mesa y se volvió de nuevo a la reina, la cual esperaba sentada sobre la alfombra aterciopelada. Su figura recortada contra el fuego del fondo no hacía mas que ensalzar el deseo fogoso de tomar todo aquello para sí.

- En este momento el frío no es algo que me moleste demasiado. - Comentó acercándose a ella con el vaso entre sus dedos. Sobre su ondulante superficie cristalina, se podía apreciar el brillo de la chimenea que le daba un tono anaranjado al agua liquida. Se arrodilló a su vera y alzó el baso como si fuera a ofrecérselo, pero en el ultimo momento cambió de opinión y se tomó un buen sorbo de su contenido para seguidamente acercar sus labios a los de ella y besarla con ternura. Unas escasas gotas resbalaron de la comisura de sus labios goteando sobre el hombro de Elsa, humedeciendo las telas de su traje en cada punto donde caía. EL joven príncipe soltó el vaso a un lado apartado de ellos, mientras que impulsado por su húmedo beso empujó a la reina contra el suelo, acunando su cuello con su diestra, mientras su siniestra acariciaba el cuerpo de la reina tras las telas que los separaban, rebuscando la mínima rendija entre sus pliegues para poder entrar en contacto con él. Pasó rozando sus senos, acariciando su cintura y dirigiéndose peligrosamente a su cadera. Parecía ser que la única apertura con la que contaba se encontraba mas abajo, a la altura de las piernas.

Mientras sus labios mordían con ternura el delicado cuello de ella, sus dedos tiraban de la falda dejando al descubierto la pálida piel que nunca había sido acariciada por el sol. Acarició sus rodillas, mientras su mano ascendía peligrosamente hacia el punto donde se unían las piernas. Pero por sorpresa evitó el contacto con dicho lugar, desviándose hacia su cadera desnuda mientras rozaba las finas telas que ocultaban sus mayores secretos. Mientras la mano ascendía la tela la seguía, dejando paso a la realidad y haciendo latente la pérfida imaginación de lo que el príncipe había creído siempre que ella ocultaba. Un cuerpo delicado, perfecto, puro y virgen que estaba siendo conquistado por aquel al que estaba predestinado, el futuro rey de Arendelle. El príncipe se regocijaba en ello mientras tomaba posesión de aquella pertenencia, disfrutando cada beso y caricia que le proporcionaba muy consciente de sus significados. Aunque nunca se hubiera imaginado en aquella situación, no podía negar que todo estaba transcurriendo mejor de lo que hubiera soñado.

"Os haré recordar este momento por siempre. No habrá noche en vela, mañana oscura o descanso en el que el recuerdo de este momento no os haga regocijaros y desear repetirlo cuantas veces pudierais. Pues no hay nadie mejor que yó, para satisfacer a una verdadera mujer." - Se regocijó el príncipe en sus propios pensamientos.


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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Lun Ene 19, 2015 4:03 pm

- En este momento el frío no es algo que me moleste demasiado.

El corazón se encogió al escuchar aquellas palabras, y a pesar de que el frío a ella jamás la había molestado de todos modos, Elsa se acurrucó como si verdaderamente ella si sufriese destemplanza. Bueno, quizá si sintiese un cambio en la temperatura de su cuerpo, pero no del tipo que expresaría abiertamente. Esa febril sensación la hacía sentirse frágil, buscando el calor en los brazos de Hans. Lo miró con un brillo intenso en los ojos, acentuado por el resplandor anaranjado de las llamas de la hoguera, que parecían devorar su interior con la misma intensidad que deseaba que esas manos recorriesen su piel. Agachó la cabeza confundida por unos pensamientos tan perturbadores, preguntándose si no estarían usando algún tipo de brujería con ella... Sí, lo estaba haciendo, pero lo peor de todo era que por mucho que se mostrase reacia, su cuerpo respondía a la provocación y no sabía ni quería defenderse de ese embrujo que le impedía apartar la vista de él.

Se abrazó a sí misma cuando él se sentó a su lado, y humedeció sus labios al ver el vaso de agua que le ofrecía, pero que sin previo aviso le arrebató para beber. Seguía tentándola con sus insinuaciones y ella se dejaba hacer, alzando la barbilla para mirarlo con un desafío que lo invitaba a seguir adelante.

Sus labios volvieron a encontrarse en un beso tan húmedo como cálido, mientras las prendas de Elsa se empapaban por culpa del agua. No hubo resistencia, sino todo lo contrario, dejando que las defensas desapareciesen casi por completo mientras sus lenguas se abrazaban con una impetuosidad que ella misma desconocía que poseía, como si verdaderamente estuviese sedienta de su boca y quisiese saborearla por completo. La fuerza de la gravedad los empujó a ambos sobre la alfombra, mientras sus manos rozaban a tientas sus curvas, y ella se debatía entre la timidez y el deseo. ¿Qué estaba haciendo? ¿Tan fácil cedía? No, claro que no. Aquella había sido una batalla muy acalorada, sin embargo finalmente Elsa entregaba sus armas a Hans en una rendición legítima y sin condiciones, mientras se estremecía cada vez que sus dedos expertos acariciaban algunas de las zonas prohibida. Retazos que jamás había tocado ningún otro hombre, y mucho menos con la intensidad de su abrasador tacto. Todo ese tiempo había creído que era él quien había caído en sus redes, mientras poco a poco caía en su trampa, y era ella quien se hallaba sometida a su voluntad.

Se estremeció visiblemente mientras la tela de la falda ascendía junto a la mano del príncipe, que dejaba al descubierto su pierna. Apretó los muslos de forma instintiva, pues a pesar de todo tenía miedo. Miedo de perder el control, miedo de que su corazón pudiese derretirse, miedo de entregarse por completo. ¿Qué vendría después?

Como si leyese su mente, el príncipe se detuvo antes de rozar siquiera su feminidad, y ella ahogó un gemido, una mezcla de confusión y decepción. Se apartó ligeramente para poder mirarlo, sintiéndose ridículamente avergonzada por esa escasa distancia que separaba sus labios, mientras el rubor teñía de rosadas sus mejillas. Lo miró largamente, concentrándose en sus ojos verdes, que con lascivia y astucia la miraban, invitándola a perderse en el magnetismo de su piel.

Lentamente, Elsa deslizó su mano por el torso de Hans, como si quisiese separarlo de ella, pero su mano no ejercía la fuerza suficiente o quizás es que no quería ejercerla. Sus dedos se posaron donde se suponía que estaba su corazón, que palpitaba frenético a la par que el suyo propio, como si pudiese sentir sus propias pulsaciones a través de las yemas, que buscaban entrar en sinfonía. Un corazón cálido, no como el suyo. A continuación, bajó hasta su propio busto, desabrochando con cuidado los botones que habían quedado al descubierto en su camisa, después de que este le hubiese quitado el corsé. La abertura dejaba entrever la piel pálida que se curvaba con las redondeces de su pecho. Sus brazos le rodearon con vergüenza mientras lo empujaba hacia ella para evitarse el bochorno de que contemplase sus senos y también para poder fundir sus cuerpos.

-No quiero luchar mas contra ti-Dijo sabiendo que tenia otro significad. Hacia frío y ella quería todo el calor que él podía darle-No te vayas. Quédate conmigo...



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Mar Ene 27, 2015 5:15 pm

El príncipe entreabrió sus labios sorprendido ante tal declaración, sus ojos viciosos se perdieron por escasos segundos en los pliegues de las prendas que ocultaban sus hombros. Se sintió extraño, como si hubiera logrado un objetivo inimaginable. Aquello que había nacido como un juego apasionado de besos, caricias y deseos se hubo transformado por segundos en algo aún más profundo. ¿Cómo era posible aquello? ¿Cómo había llegado a tal situación? ¿Lo había planeado por su cuenta, o había seguido el rumbo de la corriente que sus instintos trazaba? Tomó a la reina con el índice y el pulgar de su mentón, acariciando con la yema de su pulgar los carnosos y fríos labios que tanto había deseado y que ahora se le antojaban un morboso pecado. ¿Qué pensarían los demás de aquello? ¿Lo sucumbirían?¿Lo tomarían como traidor? ¿O mantendrían su postura heroica, como aquél que dominó la ira de la reina de la montaña?

Dominarla... un pensamiento tentador, pero confuso. ¿Como deseaba dominarla en realidad? En un principio se hubiera conformado con su corona, luego anheló su poder y la capacidad destructiva de este, y por ultimo su cuerpo... y en aquella circunstancia, solo contaba con aquello ultimo. Era evidente de que Ana le había otorgado plenos poderes, pero si regresaba nada le aseguraba que fuera a mantener su compromiso. Elsa no se veía capaz de controlar su fuero interior, el cual escapaba de cada uno de sus poros a modo de tormentas de hielo y frio helador. ¿Cuando había dejado de sentir aquél frio? Y ahora se le ofrecía aquella oportunidad. No, no era una oportunidad, si habían acabado así era a causa de algo aún más fuerte. ¿El deseo de poseerla? Quizás hubiera sido aquello, desde un principio le había parecido una mujer bastante atractiva, pero tras la conversación en los calabozos y tras escuchar su historia de parte de su mayordomo, algo le hizo verla con unos ojos diferentes a los demás.

-" No es el monstruo que todos temen... solo es una mujer asustada. " - Pensó casi sin percatarse de lo cerca que ahora se encontraba el rostro de ella del suyo, rozándose los labios entreabiertos a la espera del suculento manjar que se les mostraba. Se sintió estúpido y algo nervioso, nunca había experimentado aquello por una mujer, pues siempre las había tomado como meros instrumentos de su entretenimiento personal o herramientas desechables, usadas con el fin de un propósito mayor. Pero ella no era aquello... no se la podía desechar ni se veía ahora capaz de tal crueldad, no se podía aprovechar de ella pues su posición actual era inferior a la de sí mismo y ni su poder se mostraba de gran utilidad. ¿Por qué la deseaba entonces? Aquello era denigrante para alguien de su posición, pero aún así sus labios tomaron de nuevo posesión de los de ellos, acariciando la barbilla con sus dedos mientras estos descendían con ternura rozando su delicado cuello perlado.

- Aquí me quedaré... a tu lado.

Aquello era lo que verdaderamente había deseado desde un principio, daba igual su estatus, su posición frente al resto del mundo o incluso los crímenes que ella hubiera cometido. En aquel momento, solo importarían ellos dos y nada más. Sus dedos descendieron apartando la abertura de su camisa a ambos lados, dejando al descubierto los esculpidos senos de Elsa, una visión que no fue paladeada por sus ojos, si no por el tacto de sus dedos los cuales se entretuvieron acariciándolos con una delicadeza que jamás hubiera empleado con otra mujer. Saboreaban cada centímetro de piel, evitando el contacto con sus areolas luchando contra la tentación que aquello le causaba. Sus manos se movieron a un lado, tomando a la reina por la espalda y acercándola a su propio pecho, sintiendo un calor desconocido desprendido por ella. Era agradable, sentir su pecho contra el suyo, mientras sus labios se diluían en una constante danza de placer mutuo, donde los sabores y sensaciones eclipsaban el más suculento de los manjares. Aún manteniendola pegada contra él, su siniestra se separó tirando de las telas de su camisa, la cual se resbaló de sus hombros para quedar atorada por el abrazo en el que se encontraban. La alfombra aterciopelada se arrugó un poco en el momento en que la mano que había intentado desprender aquellas prendas, cambiara de objetivo y se discurriera entre los amantes en una dirección cuyo propósito quedaba evidente. Sin demasiado esfuerzo, la línea que fundía falda y mujer, se hizo a un lado ante el escaso esfuerzo de sus dedos, los cuales prosiguieron su descenso hasta encontrar una zona de escaso follaje. Sus dedos se adentraron en esta tierra no antes pisada por extraños, surcando con sus yemas el pubis de la reina para masajear con delicadeza sus labios íntimos.

Ya solo quedaba un camino, y pasaba por la encarnizada batalla que ahí se libraría.


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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Mar Feb 03, 2015 1:51 pm

Off:
¿Hans Darcy y Elsa Bennet xD?


Como una verdad reveladora y legítima, las palabras de Hans hicieron que Elsa se estremeciera de temor y de placer. De temor, por no saber si era cierto; y de placer, al notar el tacto de su piel, cálido en comparación con la suya, que hacía que lo sintiese de forma abrasadora. No sabía si era cosa de la temperatura, o simplemente de la agitación de su propio cuerpo. Sus labios temblaron mientras su mano acariciaba con ternura su cuello, descendiendo por él, para dejar de nuevo al descubierto aquello que a ella le daba vergüenza que viese. Volvió a pegarse contra su pecho al sentir como sus manos callosas acariciaban la piel blanca como la leche, arrancando un rubor que teñía sus mejillas pecosas. El impulso y la tímidez la hicieron apretarse aún más contra el torso de Hans, por temor a que pudiese contemplar su rostro y la juzgase por ello. Un sin fin de pensamientos surcaban su mente, algunos reclamaban que parase, que dejase de comportarse de esa forma; pero el instinto no obedecía, tomando el control sobre sus actos mientras dejaba que Hans lo hiciese sobre su cuerpo. Sus besos empezaban a resultarle demasiado adictivos, calmantes y a la vez que embriagadores, despertando una energía salvaje que le daba miedo asimilar.

Con cálidez y sensualidad, sus bocas se devoraban mutuamente como si necesitasen de ese contacto del mismo modo que el aire, prolongando las caricias como si el tiempo se hubiese detenido en ese preciso instante, y sólo estuviesen ambos.

Su hombro quedó al descubierto a medida que el la desnudaba, dejando que la luz de la chimenea acariciase la piel pálida, con un calor que no era equiparable a la temperatura que quemaba por dentro. Elsa dejó que un gemido escapase de su boca cuando los dedos de Hans entraron en un terreno más que prohibido, aquella parte que jamás había visto la luz del sol, y que ahora era tocada impunemente por un príncipe caprichoso. Porque la reina del hielo no estaba acostumbrada a que un hombre la tocase de aquella manera... Bueno, ni de ninguna. Apretó los muslos, quizá porque no quería que entrase en esa zona tan íntima, o simplemente porque quería aprisionarlo en ella para no dejarlo escapar. Se dejó caer hacia atrás, y su cabello rubio se desperdigó sobre la alfombra como una cascada de platino, mirando a los ojos verdes de su amante. Hundió los dedos en el cabello de su nuca, atrayéndolo hacia sí hasta que sus frentes volvieron a tocarse, para después buscar su mano libre, entrelazándolas ambas a la altura de su pecho. Después, se separó con deliberada lentitud, apartando la mirada, mientras sus manos se dirigían con apocamiento hacia su pantalón, liberando la apertura que escondía su virilidad. Elsa enrojecía a medida que con torpeza se deshacía del botón, sin saber muy bien como proceder a continuación, debatiéndose entre su inexperiencia y el propio deseo, que la guiaba a sincronizarse con él.



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Miér Mar 18, 2015 4:23 pm

Una sonrisa traviesa surcó los labios del príncipe, quién con deleite observaba a su presa cediendo ante su encanto y poder de seducción. La reina de hielo se derretía a sus pies, lamiendo con lujuria la piel de su cuerpo y saboreando el jugo de su encarnizada pasión. Sus dedos acariciaban con la delicadeza de un amante sus pálidos cabellos, mientras su cuerpo se mantenía en una tensión constante camuflada bajo un tenue velo de tranquilidad. Sus músculos se endurecían con cada roce, aún más tras intuir las intenciones que la reina le deparaba.

Se acomodó contra sus brazos, dejando espacio a aquella mujer para que hiciera su magia. Pues no había conjuro, hechizo o sortilegio que pudiera compararse con aquel embrujo que estaba surtiendo sobre él. Dejó libre una de sus manos, la cual acarició el rostro de ella mientras la observaba con un toque algo más perverso. Siguió desplazándose por su nuca hasta alcanzar los escasos restos del ropaje que le quedaba. Fue tirando de ellos hasta dejar completamente al descubierto su cuerpo, dejando la prenda enganchada en la curvatura de sus brazos. ¿Que haría aquella mujer a continuación? Sentía sus pantalones siendo desabrochados por momentos, en pos de dejar en libertad aquello que a tantas mujeres habían complacido y a quién quedaba por complacer. ¿Sabría como desenvolverse? Era evidente de que era novata y que posiblemente quedaría desconcertada ante la complejidad de manejar algo de tal envergadura. Sentía curiosidad por ver su reacción y de analizar la forma en que reaccionaría.


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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Dom Mar 29, 2015 9:13 am

La camisa celeste resbaló por su hombro hasta caer sobre la alfombra, arrugada, dejando al descubierto su busto. Tímida, intentó cubrirse con una mano, apartando los dedos del cabello del p´rincipe para ocultar sus senos, a pesar de que su otra mano aún trataba de liberar el botón de los pantalones de su amante. Debía parecerle ridícula. Su piel demostraba su verguenza a modo de rubor, mientras que sus ojos turquesa brillaban a la luz de las ascuas que crepitaban en la chimenea, que no eran nada comparado con ese calor que ascendía por sus muslos por culpa de ese contacto tan íntimo. Su parte más pudorosa se sentía indignada por tal muestra de descaro, sin embargo la otra no pensaba dejar que se detuviese.

Su mente seguía divagando entre pensamientos contradictorios, lo que consideraba correcto, y lo que realmente quería en ese momento. No podía hacer algo así con un hombre que acababa de conocer, era completamente indecoroso, poco adecuado para una dema de su alcurnia, el retozar de forma salvaje con un hombre que acababa de conocer. Pero ellos ya se habían visto antes...En el palacio, hacía años. Su corazón empezó a latir con fuerza al sentir que no era la primera vez que se veían, más allá de eso, como si sus caminos se hubiesen cruzado con anterioridad, muchas veces, y no fuese capaz de recordarlo. Eso era imposible, asún así... Ella era la reina... Y como tal, podía hacer lo que desease, y lo que deseaba en ese momento, era a ese príncipe... A Hans. La tela de su falda se arrugaba a medida que esta encogía las piernas, apresando la mano del príncipe entre sus muslos. Apartó el brazo, dejando definitivamente expuestos sus pechos mientras ayudaba a su otra mano a desabrochar aquello que aprisionaba la virilidad de su amante, dejando escapar un hondo suspiro cuando finalmente logró liberarlo. ¿Y ahora que vendría? Sentía su sexo palpitando allá donde el entregaba sus caricias, y tenía la necesidad de entregarle lo mismo, aunque no sabía si era por complacerlo a el o a ella misma. Elsa estaba completamente roja, confusa por dejarse llevar por esos instintos que tan lejos estaban de su carácter metódico, pero ansiosa por seguir disfrutando de su piel, de explorar hasta donde era capaz de llegar. Acarició torpemente con la mano el miembro, sintiéndolo caliente contra su piel fría, mientras que con la otra volvía a rozar el pelo de su rostro, recreandose en su tacto antes de volver agarrarlo por la nuca y atraerlo hacia sus labios húmedos. Una perversa idea sacudió su mente, preguntándose como sería el roce de su boca por todo su cuerpo, como serían sus besos en otros lugares más recónditos.



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Hans C. Andersen el Miér Abr 01, 2015 12:55 am

Los nervios recorrieron su cuerpo desde la base de su miembro hasta la parte alta de la espalda, el roce delicado y poco experto de la reina le excitaba aún mas que habiendo sido tocado por la mujer más entrenada de dotas. Su pulcritud, inocencia, el tono rojizo que adquiría su piel a causa de la vergüenza que soportaba y la constante evolución de los acontecimientos se remolinaba en un cóctel de emociones que le resultaba excitante a la par que insoportable. Sentía la sangre concentrada en un único punto, palpitante e hipersensible, el cual se hinchaba con cada segundo que pasaba deseando roces aún más íntimos y en zonas más recónditas del cuerpo de Elsa.

Sintió como los dedos de ella se cernían en torno a su nuca, tirando de su cuello hacia sí para tomar sus labios en un sensual beso cargado de gozo. Hans mordió su labio inferior, mientras sus bocas danzaban al compás de los latidos de sus corazones. Sus dedos recorrieron el cuerpo, hasta alcanzar un pequeño botón que parecía sujetar la engorrosa falda que en aquellos momentos portaba. De un movimiento lo desabrochó, dejando a las telas deslizarse por la curvatura de sus glúteos a la par que sus dedos tiraban de la prenda interior de la reina, dejando al descubierto su piel tersa y pálida, la cual acariciaba con la yema de sus dedos los cuales se deslizaban de entre los muslos hasta el nacimiento de su cadera, intentado provocar un erótico cosquilleo.

Apartó los labios de ella y acercó su mano al rostro de ella, acariciando sus mejillas mientras observaba aquel cuerpo desnudo que ante él se encontraba. Entonces tiró de ella hacia sí fundiendose en un abrazo, mientras sus labios ahora se concentraban en morder y acariciar cada recodo de su cuello y mandíbula. Sus manos acariciaban su cuerpo de provocativamente, rozando desde la nuca hasta por debajo de la cintura. Volvió su cuerpo a un lado, provocando que se revolvieran sobre la alfombra quedando él ahora sobre ella. Se acomodó de rodillas a su vera, mientras sus manos ahora acariciaban y masajeaban todo el torso desnudo de la reina, descendiendo cada vez más en compañía de los besos, que se desplazaban ahora a la altura de la clavícula. La falda aún estaba enganchada a la altura de las rodillas, pero con su diestra la llevó hasta los limites de los pies pues ya su función era inservible. Elsa acabaría descubriendo un placer, que ni los dedos más expertos sabrían igualar.


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Re: Ajedrez [Elsa] +18

Mensaje por Elsa de Arendelle el Miér Abr 08, 2015 6:43 am

Sus labios apresaban frenéticos los de su amante, buscando con avidez unos besos que la embrujaban a cada segundo, queriendo cada vez más y más de la promesa silenciosa de sus caricias, y todo aquello que podía entregarle. Sabía que ya no había vuelta atrás en lo que estaba haciendo, y eso sólo lo hacía anhelarlo aún más. Ese encuentro furtivo era el desencadenante de la partida de ajedrez, donde sus intelectos se habían desafiado mutuamente en pos de cual de los dos sería el vencedor de una batalla que ahora tenía lugar entre sus cuerpos semi desnudos, donde cada roce era una provocación y una invitación a desencadenar el fuego que ardía bajo sus pieles. Resultaba confuso dejarse llevar por un impulso tan primitivo, sin embargo cada vez que contraía sus muslos con sus caricias furtivas, tenía la necesidad de sentir más de cerca al príncipe. Sólo existían ellos dos en ese momento. Notaba como la temperatura de su piel aumentaba al contacto con la de Hans, ardiente bajo sus dedos que trataban de complacerlo, mientras que sus mejillas seguían enrojeciendo tanto de placer como de vergüenza.

Su mano acarició su mejilla y por un momento, la reina observó de nuevo en el interior de los ojos del príncipe, que reflejaban el ardiente fuego de la chimenea. Ya no parecían tan fríos como antes, sino que mostraban algo que ella no era capaz de identificar. ¿Deseo? ¿Vería Hans lo mismo en sus ojos? Apartó la vista, temerosa de que fuese así, y entonces sintió como los labios de Hans acariciaban la piel de su cuello, aumentando así su pasión, mientras gemidos escapaban de su garganta al sentir el vello facial rozándola, produciéndole un cosquilleo. Esas manos expertas recorrían cada recodo de su cuerpo con deleite y sin pudor, invitándola a hacer lo mismo con el de su amante. Cada simple tacto la hacía querer más, mientras ella trataba de entregarle lo mismo con sus movimientos poco entrenados, que revelaban su inexperiencia. Cerró los ojos tratando de masajear con más cuidado aquella zona tan sensible, aspirando el aroma de su amante, mientras las caricias de este descendían por su cintura hasta desnudarla por completo. La reina tembló mientras este la atrajo hacia sí…. ¿Sería capaz de soportarlo? Lo temía casi tanto como lo deseaba, con ese frenesí que la impulsaba a tomar decisiones guiadas por la pasión desenfrenada. La única forma de averiguarlo era entregándose por completo, mientras los besos de Hans la invitaban a un baile en el cual el compás lo marcaban sus cuerpos, al son de las sensaciones vibrantes que se producían con su propia unión sensual.



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Re: Ajedrez [Elsa] +18

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